Cristian actuó con rapidez, y la eficiencia de Pablo no se quedó atrás.
Cuando sonó el teléfono de Pablo, Cristian, que estaba en el carro, activó el altavoz.
La voz de Pablo resonó de inmediato:
—Señor Cristian, ya investigué. La señora Natalia nunca subió al avión, solo el señor Ricardo. El boleto se compró, pero no se usó.
—Entonces, ¿dónde está? —preguntó Susana con urgencia, su voz teñida de ansiedad.
Cristian también estaba perdido.
Sabía que, en ese momento, tanto confesar como ocultar la verdad tendría malas consecuencias, así que decidió seguir haciéndose el desentendido.
Ricardo, ese desgraciado. Tarde o temprano le cobraría esta.
Al otro lado de la línea, Pablo respondió:
—Estamos investigando a toda máquina.
A Susana se le ocurrió de repente que la persona con la que había estado chateando estos días no era Natalia.
Con los dedos temblorosos, le envió un mensaje: [Nati, ¿te estás divirtiendo en tu viaje?].
Y añadió otro: [¿Por qué no has publicado nada en Instagram?].
Cristian colgó y le ordenó al chofer:
—¡A Jardines del Horizonte!
Susana guardó el celular y se volvió hacia él, con una mirada inquisitiva.
—Cristian, ¿me estás ocultando algo?
—Primero vamos a Jardines del Horizonte y vemos qué pasa —dijo Cristian, evadiendo la pregunta. Había cosas que aún no era el momento de decir.
Susana lo miró fijamente y su tono se enfrió.
—Si a Nati le pasa algo, prepárense tú y Ricardo. Y lo nuestro se acaba.
Cristian se alarmó y se apresuró a explicar:
—¡Susana, de verdad que no tengo nada que ver! ¡A mí también me engañó ese tipo de Ricardo! Se casó con Natalia solo para vengarse de Ramón Rivas, ¡y yo me acabo de enterar! Te lo juro, cada palabra que te digo es verdad, si no…

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