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La Despedida de Señora León romance Capítulo 2

Natalia le arrebató el papel de un tirón, con una mirada tan fría que parecía envenenada.

—No te preocupes, esto no será una amenaza para ti. Porque esta criatura no va a venir a este mundo.

Dicho esto, se dio la vuelta y se marchó, con una determinación que no dejaba espacio para la nostalgia.

Ricardo se quedó paralizado, observando cómo su figura se alejaba. Pasó un largo rato antes de que recuperara la voz y le ordenara con dureza a Carmen, que estaba a su lado:

—¡Vigila a la señora Natalia! ¡No permitas que salga de Jardines del Horizonte y, sobre todo, no dejes que le haga nada a ese bebé!

Carmen estaba totalmente confundida. Hacía un momento hablaban de divorcio, ¿cómo había cambiado todo tan drásticamente?

Pero al ver la ferocidad en los ojos de Ricardo, respondió apresuradamente:

—¡Sí, entendido!

—Si ella se va, todos ustedes la van a pasar muy mal.

La advertencia en el tono de Ricardo helaba la sangre.

Carmen asintió repetidamente mientras lo veía darse la vuelta y entrar al estudio.

Una vez dentro, Ricardo se dejó caer en la silla y tecleó un mensaje a toda prisa: [Bloquea inmediatamente todas las señales en Jardines del Horizonte].

La cajetilla de cigarros se deformó en su mano. Encendió uno y se lo llevó a los labios mientras la ceniza caía en cascada.

Miraba el humo que se elevaba en espirales con un solo pensamiento en la mente: «¿Cuándo pasó? Llevamos más de un año tomando precauciones…».

De repente, un recuerdo borroso atravesó la neblina. La última vez que volvió de Inglaterra, Natalia había estado inusualmente apasionada. Esa noche, en el apuro, olvidó usar protección, y después también olvidó recordarle que tomara la pastilla.

Soltó una risa amarga. Qué puntería, a la primera.

Le dio una calada fuerte al cigarro. El sabor acre de la nicotina le apretó la garganta, pero no logró calmar ni un poco la tormenta que se desataba en su interior.

Apenas se consumió el cigarro, la puerta del estudio se abrió de golpe.

Natalia lo miraba fijamente con los ojos enrojecidos, la furia a punto de estallar en su mirada.

—¿Qué pretendes? ¿Encerrarme?

Había hecho una maleta rápida, pero la detuvieron en la puerta. Intentó llamar para pedir ayuda, pero su celular no tenía señal.

Ricardo levantó la vista con pereza, su tono era tranquilo.

—Ten al bebé. El niño se quedará con la familia León y yo te daré cien millones de pesos.

Natalia soltó una carcajada cargada de sarcasmo.

—Sigue soñando.

Lo conocía demasiado bien.

Ricardo solo quería a ese bebé por la señora Vanessa Morales, su abuela, no porque lo amara.

La anciana llevaba tiempo pidiéndole un bisnieto, y él siempre se había excusado diciendo que «aún eran jóvenes».

No fue hasta el mes pasado, cuando la señora tuvo una grave enfermedad, que el devoto nieto cambió de parecer, deseando cumplir el sueño de su abuela mientras aún vivía.

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