Entre la avalancha de críticas hacia Eliana, empezaron a asomar un par de comentarios diferentes.
*[Pues siendo honestos, cuando se pararon juntas, la energía era increíble. Una es la fría e inalcanzable reina de hielo, y la otra es la dulce y hermosa princesa de cuento.]*
*[¿Soy solo yo, o Eliana tiene una presencia mucho más imponente que Regina?]*
*[¡No hagan comparaciones ridículas! ¡Dejen en paz a mi Regina!]* Los seguidores de Regina no tardaron en brincar para dominar la narrativa.
La situación se encendió aún más cuando vieron el video donde Jimena proponía su diseño, el cual no funcionaba, y luego lloraba frente a las cámaras haciéndose la víctima. Las opiniones se dividieron drásticamente.
En ese momento, Jimena estaba recostada en un exclusivo spa, recibiendo un masaje. Sacó su teléfono de manera despreocupada, calculando que el programa ya habría subido los videos detrás de escena.
Durante los últimos días, había plantado la idea de que su equipo la estaba haciendo a un lado, y su ausencia de las cámaras era a propósito: quería que el público creyera que estaba tan destrozada que necesitaba tiempo a solas. De esa manera, cuando apareciera en el último día con su aparato de proyección holográfica, tendría la excusa perfecta de por qué no había trabajado con su equipo.
Con una sonrisa de anticipación, abrió la plataforma y comenzó a deslizar los comentarios.
Pero al leerlos, su sonrisa se borró de golpe.
Salvo un par de comentarios sueltos que decían —Pobre Jimena—, la inmensa mayoría estaba del lado de los demás participantes.
*[¿Esta capitana no sabe lo que hace, o qué? Las tareas que asignó no tienen nada que ver con lo que hace cada uno. Obvio que nada iba a funcionar.]*
*[Totalmente. Tampoco tiene paciencia para explicar, solo se la pasa mandando. Qué mujer tan inestable. Pobre Moy.]*
*[Huelo algo aquí... huele a mosca muerta.]*
Furiosa, Jimena apagó la pantalla de un manotazo.
En ese instante, la joven masajista tiró accidentalmente de un mechón de su cabello. La rabia contenida de Jimena estalló como un volcán: —¡Ten más cuidado, imbécil! ¿Sabes hacer tu trabajo o no? ¡Si no sabes, lárgate!—
*[La dura vida de una esposa trofeo: a competir con la mano enyesada.]*
En realidad, para los internautas no era raro que mujeres de la alta sociedad participaran en certámenes artísticos; de hecho, solía darles cierto prestigio. Regina era el mejor ejemplo.
Al principio, la gente solo lo veía como un chisme más.
Sin embargo, pronto aparecieron cuentas buscando alterar la historia. Unieron su participación con el video donde aclaraba la infidelidad de su esposo, usando titulares amarillistas como —Estrategia para limpiar la imagen de los Romano— o insinuando que los Romano la habían marginado y ella estaba buscando la forma de hacerse famosa para sobrevivir. A los medios no les importaba la verdad, solo los clics.
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El escándalo llegó a oídos de la madre de Manuel en cuestión de horas.
Estaba en medio de su habitual reunión de amigas para jugar a las cartas. Una de las señoras miró su teléfono por casualidad y, de repente, su rostro se transformó en una mezcla de sorpresa y morbo. Miró a la madre de Manuel, a punto de decir algo, pero se contuvo.

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