Entrar Via

La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 82

Apenas salió el video, Valeria Ferrer casi sufre un colapso. De inmediato, le hizo una videollamada a Eliana.

—...Te juro que me va a dar algo —dijo Valeria en la pantalla, con cara de querer morirse—. ¿En serio te arreglaste así solo para aclarar el chisme?

Eliana, que se estaba desmaquillando, le respondió con total tranquilidad:

—Ya firmaron el acuerdo de divorcio.

Valeria se sentó de golpe.

—¿Firmado? ¿De verdad?

—Sí —dijo Eliana en un tono ligero—. Y la tajada que me tocó no es nada despreciable.

Valeria se quedó en silencio por dos segundos y luego tomó una bocanada de aire.

—Está bien —dijo con una expresión de agonía pero resignada—. Por esa cantidad de dinero, puedo soportar este asquito.

Hizo una pausa y su tono cambió de inmediato a uno más juguetón:

—No te olvides de mantenerme, millonaria.

Tras la publicación del video, la presión pública bajó drásticamente.

El tono de los comentarios en redes cambió a la velocidad de la luz.

[¿Así que todo fue un malentendido? Ya, vámonos, no seamos parte de los jueguitos de esta pareja.]

[¿Esa es la Señora de Romano? ¡Qué hermosa! Con razón logró entrar a una familia tan prestigiosa, esa belleza no es broma.]

[No me atrevo a decir si es verdad o mentira, pero si es falso, esta mujer tiene una paciencia de santa.]

La tormenta, por el momento, se había calmado.

En otro lugar.

César de Soto estaba de pie junto al ventanal.

Revisaba el video de la aclaración con aire distraído. Al terminar, soltó una carcajada irónica y arrojó el teléfono al sofá.

Como si el asunto le aburriera por completo.

Pero, apenas dos segundos después, volvió a tomar el aparato.

Esta vez, abrió el video y lo reprodujo de nuevo.

Una vez.

Y otra vez.

Luis, que estaba de pie a un lado, lo observaba retroceder la barra de reproducción una y otra vez. Le temblaba el párpado mientras pensaba para sí mismo.

¿Quién se imaginaría que el todopoderoso Señor de Soto, el hombre que controlaba el Consorcio de Soto, se comportaba así en privado? No había que ser un genio para adivinar que esto tenía que ver con su adorada "niña de la infancia".

La eficiencia de Luis siempre era impecable.

En menos de una hora, ya había colocado el informe sobre el escritorio de César.

César lo leyó en silencio, tamborileando los dedos sobre la madera.

Una luz fría y afilada apareció en sus ojos.

—Ese Manuel Romano, ¿no quería invitarme a ver una pintura la otra vez? —dijo con tono indiferente—. Acepta la invitación por mí.

¿Una pintura?

Luis se quedó pensando por un momento hasta que recordó.

Ah, cierto. La familia Romano había comprado un cuadro de Rose y querían invitar al jefe a admirarlo juntos.

—Diles que espero con ansias nuestro encuentro —murmuró César. Sus labios formaron una sonrisa, pero no había ni una pizca de calidez en ella.

Luis: "..."

En su mente, Luis rezó por el pobre diablo que acababa de despertar la ira de su jefe, pero en voz alta, solo asintió obediente.

—Sí, señor.

César apartó la mirada, recuperando la fría compostura que siempre lo caracterizaba.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La doble vida de la esposa traicionada