Los pasos de Manuel se detuvieron por una fracción de segundo.
—Bien —respondió, sin molestarse en mirar atrás, y empujó la puerta para salir.
Su tono fue tan indiferente que parecía estar hablando de un asunto trivial y sin importancia.
Sin embargo, cuando la luz del pasillo iluminó su rostro, su expresión se suavizó de manera inconsciente.
Eliana... seguía siendo la misma Eliana de siempre. Tan comprensiva, siempre dispuesta a sacrificarlo todo por el bien mayor. Se preguntó si su mano derecha estaría mejor.
En el instante en que la puerta del estudio se cerró, fue como si a la madre le hubieran robado el aliento. Se dejó caer de golpe en la silla.
Bajó la mirada hacia el acuerdo de divorcio que ya estaba firmado. Sintió una punzada de dolor y pánico en el pecho.
Conocía perfectamente a su hijo. Durante estos años, Manuel había tomado las riendas del Grupo Romano con puño de hierro; su palabra era la ley. Si llegaba a descubrir que ella lo había engañado para que firmara ese papel, no quería ni imaginarse las consecuencias.
Esa misma noche, la Señora Romano le tomó una foto a la página firmada del acuerdo y se la envió a Eliana.
[Mamá de Manuel: Ya está firmado. Te entregaré el documento original en cuanto el Grupo Romano termine su proceso de fusión. Ese es mi límite.]
Eliana vio esa firma tan familiar en la pantalla y dejó escapar una suave sonrisa.
Hecho.
Dejó el teléfono boca abajo sobre la mesa, sintiendo una ligereza que no había experimentado en años.
El escándalo de la noche anterior en el hospital había sido enorme. Con la policía de por medio, era casi imposible que la noticia no se filtrara a la prensa.
Si hubiera sido la Eliana de antes, se habría anticipado a los problemas, pensando en el bienestar de Manuel, y habría movido cielo y tierra para resolverlo todo en privado.
Pero anoche no movió un dedo. Porque anoche, Manuel solo tenía ojos para Esther Garza.
Y ella ya no tenía ninguna obligación de seguir preocupándose por él.
Además, lo tenía muy claro: a río revuelto, ganancia de pescadores. Mientras más grande fuera el escándalo, más se beneficiaría ella.
¿Y no era esta la oportunidad perfecta?
Pensando en ello, tomó de nuevo el teléfono y envió dos mensajes, uno a Carmen Vargas y otro a Valeria Ferrer:
Al pensar en eso, la Señora Romano se frotó las sienes y dejó escapar un largo suspiro.
Definitivamente, los hijos no eran más que deudas que uno pagaba con la vida.
El video de aclaración de Eliana no tardó en ser publicado en las redes sociales de Manuel.
En la pantalla, apareció Eliana.
Llevaba un maquillaje ligero y una expresión serena.
—La persona que aparece en las dos fotos que han circulado recientemente en internet, soy yo. No estoy embarazada, mi visita al hospital fue solo para un chequeo de rutina.
—El supuesto 'vientre de embarazada' es solo una ilusión óptica causada por el ángulo de la cámara y la luz. Además, la ropa que llevaba era muy holgada, lo que dio lugar a malentendidos.
—Por otro lado, la relación con mi esposo es excelente. Esperamos que nos brinden un poco de espacio personal; no deseamos seguir acaparando la atención pública con asuntos privados.
Para darle más credibilidad al video, la familia Romano incluso se encargó de cambiarle el estilo a Eliana. Su cabello, normalmente liso y pulcro, fue peinado con ondas sueltas que caían sobre sus hombros. A primera vista, su parecido con Esther Garza era aún más inquietante.

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