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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 723

La última vez que Paulina había desembolsado mil ochocientos millones por aquel diamante, todos creyeron que Jaime había cubierto la factura.

Sin embargo, ahora varios se estaban dando cuenta de que quizá la realidad era otra.

Todo se debía a que el número de la paleta que llevaba Paulina era exactamente el mismo de aquella vez con el diamante.

En las casas de subastas de prestigio, a los mejores postores se les asigna una paleta de uso exclusivo.

Por si fuera poco, tanto el diseño como el color de estas paletas VIP se distinguían por completo de las de los compradores comunes e incluso de los clientes preferenciales habituales.

Y Paulina sostenía en su mano una paleta dorada con detalles metálicos, un claro indicativo de que era una compradora del nivel más alto.

En cambio, cuando Jaime pujó hacía un momento, la paleta que llevaba tenía el diseño VIP normal y no correspondía a un número permanente.

Orlando y Samuel también ataron cabos.

Como el resto de los presentes, ellos habían asumido que la compra del diamante de Paulina había corrido por cuenta de Jaime.

Al ver a Paulina levantando su paleta, por fin comprendió el peso y el significado detrás de la misma.

Samuel, con cara de asombro, murmuró:

—¿Entonces esa paleta VIP es solo de Paulina? ¡¿En serio tiene tanta lana?!

Orlando, frunciendo el ceño, prefirió quedarse callado.

Anteriormente había dado por hecho que el que gastaba era Jaime. Creía conocer de sobra la situación de Paulina; estaba seguro de que el patrimonio de los Romo no llegaba ni a los mil millones de pesos.

¡Y mucho menos podrían sacar casi dos mil millones de un día para otro solo por una piedra preciosa!

Pero, de ser cierto que Paulina había pagado eso por su cuenta, ¿de dónde había sacado todo ese dinero?

En ese momento, Samuel no pudo contenerse y comentó:

—A lo mejor los millones los puso Jaime, ¿y nada más registraron la compra a nombre de Paulina en la subasta?

A Orlando también se le cruzó la misma idea por la cabeza.

Además de regalarle una residencia millonaria sin pensarlo dos veces.

Tratándose de Paulina, derrochar así unos mil o dos mil millones no sonaba tan descabellado.

Sin embargo, si Armando en verdad le había dado esa fortuna a Paulina, Jaime —quien estaba enterado de la situación económica de los Romo—, ¿acaso no desconfiaba del origen de ese dinero?

Como los Lobos y los Saavedra sabían de primera mano de la verdadera relación que había entre Paulina y Armando, no les asombraba en lo absoluto que ella dispusiera de tantos millones.

Lo que de verdad les daba envidia era la soltura con la que se ponía a despilfarrar dinero.

Daba la impresión de que ahora ella podía darse el lujo de comprar lo que le diera la gana, sin siquiera pararse a ver el precio.

Ellos daban por hecho que la actitud de Paulina a la hora de gastar se debía a que sabía que tras formalizar el divorcio con Armando le tocaría, bajita la mano, entre diez mil y veinte mil millones de pesos.

Alicia estaba a punto de reventar de la rabia:

—¡Pues que gaste lo que quiera! Con esa manera de aventar el dinero, te aseguro que todo lo que le dé mi cuñado se le va a esfumar en un abrir y cerrar de ojos. A ver si cuando se quede en la calle sigue de tan creída.

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