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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 718

El coche avanzaba poco a poco mientras salía de los alrededores de la base.

Platicaron todo el camino. Cuando por fin entraron a la ciudad, Tito le preguntó:

—¿Cenamos algo más al rato?

—No, gracias —respondió ella de forma cortante, como siempre—. Prefiero ir a cenar con mi familia a la casa.

Era la respuesta que se esperaba.

Tito no era de rogar, así que no insistió más.

Él se bajó primero del coche y, hasta ese momento, Paulina sacó el celular de su bolsa y lo prendió.

Tenía un montón de llamadas perdidas, casi todas de Josefina.

Antes de salir hacia la base, venía tan metida en las tareas que le había dejado Jorge, que se le fue por completo el avión de avisarle a Josefina sobre su viaje de negocios.

De todas formas, seguro su hija se había comunicado con los demás para saber qué había pasado con ella, así que no tenía de qué preocuparse por ese lado.

Aun así, al ver tantas llamadas de Josefina, le contestó con un mensaje rápido para avisarle que ya se había desocupado.

Apenas había mandado el mensaje y estaba a punto de guardar el teléfono para descansar un rato, cuando le entró una llamada de Josefina.

—¡Mamá, por fin regresaste!

—Sí.

—Mamá, estos días no me pude comunicar contigo. Te extrañé un montón. ¿Ya comiste? ¿Vamos a algún lado a comer, ándale?

Pero Paulina la rechazó.

—Acabo de llegar. Quiero ir a casa a ver a tu bisabuela. Lo de ir a comer, lo dejamos para otro día.

—¡Entonces yo también voy a comer con la bisabuela! —exclamó Josefina.

—Bueno, ven entonces —aceptó Paulina.

Al enterarse de que Paulina regresaba, en la familia Romo ya estaban preparando una buena comida. Cuando escucharon que Josefina también iría a cenar, la abuela Romo y Fernanda se quedaron en silencio por un momento.

Josefina seguía siendo una niña. No le echaban la culpa por querer tanto a Mercedez.

Él se le quedó viendo a la cara.

—¿No has estado durmiendo bien? Te veo más flaca.

—Había mucha chamba... —contestó Paulina.

Teófilo asintió.

Jaime le había dicho que había pedido unos días libres por cosas pendientes que tenía que arreglar.

No sabía exactamente en qué andaba tan metida. Quiso decirle que si se le atoraba algo, con gusto le echaba la mano.

Pero también era consciente de que si Paulina de verdad estaba en problemas, Jaime sería quien la ayudaría; no lo necesitaba a él.

Y como Jaime le había pedido que no la molestara mucho, decidió no ser metiche. Cuando ella entró a su oficina, él se fue a preparar un café y se lo llevó.

—Gracias... —le dijo Paulina.

En eso, llegó Jaime, quien ya se había enterado de que ella estaba de vuelta. Al ver la carita de preocupación y lo acomedido que andaba Teófilo con Paulina, se quedó parado en el marco de la puerta, levantó una ceja y tosió un poco a propósito.

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