Jazmín había luchado por conseguir ese puesto. Subió al escenario con paso firme y seguro. De pie, frente al público, se mostró serena y confiada, con una expresión perfectamente controlada.
—Estimados invitados, directivos, compañeros y amigos...
Había preparado un discurso impecable, inspirador y motivador. Con sus palabras apasionadas, ganó aún más admiradores.
Selena la observaba desde su asiento, sin expresión alguna. Conocía a su prima, con quien había crecido, y sabía perfectamente qué tipo de persona era: una experta en mantener las apariencias. Gonzalo también la miraba con indiferencia.
A mitad del discurso, una puerta lateral se abrió y apareció una figura alta y distinguida. De forma muy discreta, se sentó en un asiento junto a la puerta.
Jazmín, que estaba en el escenario, vio a Adrián y una expresión de alegría y timidez se dibujó en su rostro.
Al terminar su discurso, alguien le entregó un ramo de flores. Jazmín se inclinó para agradecer, y un mechón de pelo le cayó sobre el rostro, moviéndose con la brisa. Era una imagen de belleza inconsciente que cautivó a más de un hombre.
Con el ramo en la mano, Jazmín bajó del escenario. No regresó a su asiento, sino que se sentó junto a Adrián.
La mirada de Selena seguía fija en el escenario, el mismo en el que, siendo niña, había visto a sus padres dar innumerables discursos. Su mente se perdió en los recuerdos y sus ojos se llenaron de lágrimas. Si tan solo sus padres estuvieran vivos.
—El novio de Jazmín ha venido a apoyarla —le susurró Gonzalo al oído.
Selena se sobresaltó y siguió la mirada de Gonzalo. Vio a Adrián y a Jazmín sentados en el extremo izquierdo de la primera fila, hablando de algo. El rostro de Jazmín era un poema de felicidad.
Aunque ya había renunciado a esa relación, la escena le resultó dolorosa. Apartó la vista.


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