—¡Claro! —respondió Selena con ternura.
A mitad de la carrera, Fer necesitó ir al baño, así que Selena lo llevó por el pasillo. De repente, se encontraron de frente con una figura alta y elegante.
—¿Selena? —dijo Leandro, que salía del baño de hombres con Federico.
Federico también se sorprendió al verla.
—Leandro, ¿podrías llevar a Fer al baño, por favor? —le pidió Selena en voz baja. Fer ya tenía tres años y era importante que aprendiera la diferencia entre hombres y mujeres.
—Claro —respondió Leandro, y entró con el niño.
Federico observó a Selena con curiosidad. Su aspecto, sencillo y sin adornos, no podía competir con la belleza radiante de Jazmín.
—Señora Rojas, qué persistente es usted —dijo con un tono burlón—. Ya que ha venido, ¿por qué no va a saludar a Adrián?
—He venido con una amiga —respondió Selena con indiferencia.
—Ah, ¿y a su amiga también le gustan las carreras? ¿Es hombre o mujer? —preguntó Federico con curiosidad.
—No es asunto suyo —replicó Selena, molesta por su falta de respeto.
Federico chasqueó la lengua y sonrió.
—Ya que nos hemos encontrado, le diré a Adrián que venga a verla.
—No es necesario —dijo Selena con frialdad.
Federico rio para sus adentros. «Viene a escondidas y todavía se hace la digna», pensó.
En ese momento, Leandro salió con Fer.
—Leandro, me llevo a Fer. Ya nos vamos —dijo Selena, y se fue con su hijo.



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