Jazmín Torres, a su lado, fingía una preocupación que no sentía.
—Adri, mi prima es una mujer tan bella, inteligente y refinada… ¿Qué pudo haber pasado entre ustedes para que llegaran a esto del divorcio?
Leandro Castañeda la miró con un claro gesto de burla. ¿Cómo tenía el descaro de preguntar algo así?
Federico Peña, como siempre, no se guardó nada.
—Jazmín, ¿acaso no has sido testigo de cómo ha sido su matrimonio todo este tiempo? Selena es una de esas bellezas de aparador, una mujer que solo vive para sus investigaciones, sin una pizca de chispa. Se nota que no tienes idea de qué clase de esposa le gusta a un hombre.
Con una expresión de inocencia fingida, Jazmín respondió:
—A ver, ilústrame. ¿Qué tipo de esposa les gusta a ustedes, los hombres? Nunca está de más aprender.
Al ver que la mujer de sus sueños le prestaba atención, Federico se rascó la nuca, encantado.
—Bueno, la verdad es que tampoco soy un experto, pero para un hombre de éxito como Adrián, no basta con que una mujer sea brillante en su carrera. También tiene que ser apasionada, saber dar apoyo emocional… En resumen, una mujer que pueda con todo, tanto en lo profesional como en la casa. ¿No es así, Adrián?
Adrián ya estaba perdido en la bruma del alcohol; no escuchó ni una palabra de lo que Federico decía.
—Te equivocas —intervino Leandro con calma—. En realidad, que una mujer sea noble y de buen corazón ya es una cualidad increíblemente rara. Si además de eso es competente, dedicada a su hogar y tierna, es un tesoro.
—Pues yo digo que depende de qué tan candente sea… —soltó Federico, e inmediatamente miró a Jazmín, avergonzado.
Jazmín, haciéndose la desentendida, le dedicó una mirada de reproche juguetón.
—Ustedes los hombres de veras que… le exigen demasiado a una mujer.
Federico soltó una risa nerviosa.
—Je, je… Bueno, Jazmín, esas son cosas que solo se viven en la intimidad de un matrimonio. Contarlas en voz alta les quita toda la gracia.
Al posar su mirada en Adrián, el rostro de Jazmín se tiñó de un rojo intenso, como si en su mente se proyectaran imágenes prohibidas.
Leandro se puso de pie.
—Yo me retiro. Últimamente he estado muy ocupado y es probable que en el futuro no pueda asistir a estas reuniones.
La oportunidad de Jazmín se había esfumado, pero no dejó que la frustración se notara en su rostro. Se acercó y le dijo a Manolo con una sonrisa:
—Entonces te lo encargo mucho, por favor. Maneja con cuidado. Ah, y cuando lleguen a casa, recuérdale a Adrián que se tome un caldo para el hígado. Bebió de más esta noche.
Manolo la miró extrañado, pero asintió.
Mientras veía el carro de Adrián alejarse, Jazmín sintió cómo una llama en su interior era rociada con gasolina, estallando en un incendio voraz.
Adrián se iba a divorciar de Selena.
Y ella no iba a desaprovechar esa oportunidad.
...
En la mansión de los Rojas, Selena ya había arropado a su hijo y ahora leía sentada al borde de la cama. El sonido de un carro llegando la hizo fruncir el ceño. Últimamente, las llegadas tardías de Adrián eran cada vez más frecuentes.
Poco después, Manolo subió, sosteniendo a un Adrián completamente ebrio. La empleada doméstica corrió a la cocina a preparar un té para que se le bajara la borrachera y un caldo para el hígado.

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