Ya era tarde cuando llegaron a la mansión. Al bajar del carro, Selena vio una figura alta y esbelta de pie en la entrada. Adrián se acercó, tomó a Fer en brazos y le dio un beso en la frente.
—¿Te divertiste con mamá?
Fer se abrazó al cuello de su padre.
—Sí, mucho. Hice nuevos amigos.
—Qué bueno. Ahora a bañarse, que vienes todo sudado —dijo Adrián, revolviéndole el pelo.
—¡Que papá me bañe! —pidió Fer, feliz.
Adrián miró a Selena. Con el vestido de fiesta y el maquillaje sutil, bajo la luz de la noche, tenía una belleza etérea y deslumbrante.
—Voy a bañar al niño —dijo, y subió las escaleras con él.
Selena se quedó en el recibidor, con la mente hecha un nudo. Adrián había buscado a Jazmín con tanta desesperación y nunca se lo había mencionado. Si no fuera por los chismes que había escuchado en la fiesta, ¿se lo habría seguido ocultando?
Estaba agotada. Subió y se metió directamente a la ducha. Al salir, mientras se aplicaba crema de noche frente al tocador, Fer entró corriendo.
—¡Mami, mami, ven rápido! ¡Algo malo pasó!
Alarmada, lo siguió por el pasillo.
En la recámara principal, Adrián acababa de atarse el cinturón de la bata de baño cuando los vio entrar.
El niño se acercó y Adrián comenzó a explicarle. Fer asentía, como si entendiera, pero la información le entraba por un oído y le salía por el otro.
—Papá, hablas mucho. Me voy a dormir con mamá —dijo el pequeño, y salió corriendo.
Adrián se quedó con las manos en la cintura, sin saber si reír o enojarse. La reacción de Selena había sido de una indiferencia total, como si el asunto no tuviera la menor importancia. Se sintió extrañamente ofendido. Como hombre, tenía sus atributos, pero a su esposa parecían no importarle en lo más mínimo. ¿Acaso creía que cualquier hombre que encontrara estaría a su altura? La mayoría de las parejas hoy en día apenas duraban unos años felices. Debería estar agradecida.
...
A la mañana siguiente, Selena vistió a su hijo con el uniforme escolar y salió de la habitación. Justo en ese momento, Adrián, también vestido y listo para salir, apareció en el pasillo. Sus miradas se cruzaron. Antes, Selena le habría sonreído y preguntado qué quería desayunar. Ahora, un silencio tenso flotaba entre ellos.
—¿Puedes llevar a Fer a la escuela? —rompió el silencio Selena—. Tengo que hablar con el médico de Fabio sobre su tratamiento.

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