Ya era tarde cuando llegaron a la mansión. Al bajar del carro, Selena vio una figura alta y esbelta de pie en la entrada. Adrián se acercó, tomó a Fer en brazos y le dio un beso en la frente.
—¿Te divertiste con mamá?
Fer se abrazó al cuello de su padre.
—Sí, mucho. Hice nuevos amigos.
—Qué bueno. Ahora a bañarse, que vienes todo sudado —dijo Adrián, revolviéndole el pelo.
—¡Que papá me bañe! —pidió Fer, feliz.
Adrián miró a Selena. Con el vestido de fiesta y el maquillaje sutil, bajo la luz de la noche, tenía una belleza etérea y deslumbrante.
—Voy a bañar al niño —dijo, y subió las escaleras con él.
Selena se quedó en el recibidor, con la mente hecha un nudo. Adrián había buscado a Jazmín con tanta desesperación y nunca se lo había mencionado. Si no fuera por los chismes que había escuchado en la fiesta, ¿se lo habría seguido ocultando?
Estaba agotada. Subió y se metió directamente a la ducha. Al salir, mientras se aplicaba crema de noche frente al tocador, Fer entró corriendo.
—¡Mami, mami, ven rápido! ¡Algo malo pasó!
Alarmada, lo siguió por el pasillo.
En la recámara principal, Adrián acababa de atarse el cinturón de la bata de baño cuando los vio entrar.

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