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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 18

Selena sabía que Úrsula se encontraba en una posición delicada. La salud de su hijo menor dependía de la empresa de la familia Torres, así que no tenía más remedio que ser cortés con Jazmín.

—No te preocupes, mamá, estoy bien. —Si el divorcio era inminente, ya nada de eso importaba.

—Hablaré con Adrián para que tenga más cuidado la próxima vez —insistió Úrsula, preocupada por los sentimientos de su nuera.

Selena había pensado en irse, pero no podía dejar a su hijo solo. Temía que, en su ausencia, volvieran a manipularlo para que llamara «mamá» a Jazmín. Desde el segundo piso, llegaban las risas de la abuela, encantada con la compañía de su nueva favorita.

Selena sacó su celular. Fabián le había enviado el programa de la conferencia y, un minuto después, la llamó.

—Selena, revisa el documento que te envié. Quiero que representes al instituto y des el discurso de apertura.

—Señor Castañeda, no creo estar a la altura.

—Claro que lo estás —la animó Fabián—. Los temas que se tratarán son los que tus padres investigaron durante años. Nadie mejor que tú para hablar de ellos.

Una oleada de emoción embargó a Selena.

—De acuerdo. Lo prepararé a conciencia.

—Esa es la actitud. Quiero que te animes y recuperes la pasión por la investigación.

Colgó y abrió el archivo en la computadora de la habitación de invitados. Un informe sobre el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas apareció en la pantalla. Eran, en efecto, los temas que habían obsesionado a sus padres. Se sumergió en la lectura.

—Prima, ¿todavía sigues con tus investigaciones?

La voz de Jazmín la sobresaltó. Cerró el documento de golpe y se giró.

—¿No te enseñaron a tocar antes de entrar?

—Lo siento, solo quería hablar contigo. No pretendía interrumpirte.

—Pues lo has hecho.

Justo en ese momento, Adrián entró en la habitación.

—Adri, yo solo quería disculparme con mi prima… —dijo Jazmín, con expresión compungida.

—Selena, ¿por qué te lo llevas? ¡Estaban jugando tan a gusto!

—Ha estado jugando con sus juguetes. Tiene que lavarse las manos.

—No hay prisa.

La abuela la miraba con desaprobación. Comparada con la elegancia y el saber estar de Jazmín, Selena siempre salía perdiendo.

—No se preocupe, abuela. Ya es hora de comer, seguro que Fer tiene hambre —dijo Jazmín con una sonrisa comprensiva.

Selena tuvo que contener una mueca de desprecio. La capacidad de Jazmín para la actuación era cada vez más refinada.

Durante la comida, se dedicó por completo a su hijo. Apenas probó bocado. De repente, un trozo de carne apareció en su plato. Era de Adrián. Sintió que la comida se le había contaminado y perdió el apetito por completo.

—Abuela, mamá, ya terminé. Voy a llevar a Fer a jugar al jardín. —Se levantó y se fue.

El trozo de carne en su plato se fue enfriando, al igual que la mirada de Adrián.

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