El rostro de Leandro Castañeda se paralizó por un instante.
—Sí, lo dijo estando borracho, así que no sé si es verdad o no.
Selena Torres sintió una punzada de fastidio. Un asunto como el divorcio era algo que debían discutir entre ellos, ¿qué necesidad tenía él de ventilarlo por ahí? ¿Acaso le gustaba el drama?
—Leandro, no le hagas caso, solo bromeaba. No tenemos planes de divorciarnos por ahora —explicó Selena con una sonrisa forzada.
—Ah… —Leandro sintió una opresión en el pecho y su alta figura se tambaleó ligeramente—. ¿Así que no es cierto?
Selena asintió.
—Así es, el niño todavía es muy pequeño. Lo hablamos y decidimos esperar a que crezca un poco más.
—¿Y cuánto tiempo es eso? —La voz de Leandro perdió la calma.
Selena lo miró fijamente y reflexionó un momento.
—Supongo que cuando Fer tenga la madurez para decidir con quién quiere vivir.
—Los niños no maduran tan rápido como las niñas. Fer apenas tiene tres años; para cuando sepa lo que quiere, ya tendrá más de veinte… —A Leandro se le nubló lavista, sintiendo que el futuro se le venía encima.
Le pareció que bromeaba, así que le siguió el juego con una risa.
—No será para tanto. En cuanto empiece la primaria, se volverá más consciente.
—¿Qué va a entender en la primaria? Yo ya ni me acuerdo de lo que hacía a esa edad. Un hombre es un niño hasta el final. Te apuesto a que ni a los veinte sabrá lo que quiere —dijo Leandro, con un tono pesimista y desolado.
Su comentario la hizo reír, y se tapó la boca para no soltar una carcajada.
—Leandro, gracias por hablar de esto conmigo. Tampoco tengo experiencia criando niños, así que no podría decirte cuándo madurará Fer. Por ahora, solo nos queda vivir el día a día.
—Selena, ¿de verdad crees que da lo mismo con quién compartes tu vida? —preguntó él, clavando la mirada en el rostro delicado de ella.
Selena se quedó helada. Nunca se había planteado algo con tanta profundidad.


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