Un Bentley negro se detuvo frente al característico edificio. La puerta se abrió y de él descendió una figura alta y atractiva.
Leandro, que bajaba las escaleras en ese momento, parpadeó sorprendido al encontrarse de frente con Adrián, quien subía con una mano en el bolsillo.
—Adri, ¿qué haces aquí? —preguntó Leandro con una sonrisa.
Adrián también sonrió.
—Compré algo de comer, vine a ver a Selena.
Mientras hablaban, Gerardo, el asistente de Adrián, sacó del maletero una caja elegantemente envuelta. Leandro la reconoció como una famosa marca de chocolates.
—La última vez que hablamos, Selena dijo que no le gustaban los dulces —soltó Leandro, casi sin pensar, como si un resorte se hubiera activado en su cabeza.
Adrián se quedó helado, una pequeña tormenta cruzó por sus ojos oscuros.
—Leandro, pareces muy preocupado por Selena. ¿Desde cuándo se conocen tan bien?
Leandro bajó la vista hacia los escalones y sonrió.
—Aunque nos acabamos de conocer, siento una extraña familiaridad con ella. Quizás es porque la vi de niña.
—Según recuerdo, solo viste una foto suya —replicó Adrián, arqueando una ceja.
—Sí, pero una foto también puede dejar una impresión muy profunda —dijo Leandro, y luego miró a Adrián—. Por cierto, ¿tú la viste de niña?
Adrián dudó, sin saber qué decir. En ese instante, Leandro sonrió.
—Si quieres ver una foto de ella de pequeña, te la puedo mandar. Llevaba dos coletas, era adorable.
El rostro de Adrián se ensombreció, pero forzó una sonrisa.
—No hace falta, no me interesa mucho.
En esta batalla, Adrián había perdido. Apretó los labios y pasó junto a Leandro para seguir subiendo. Gerardo lo siguió de cerca, no sin antes saludar a Leandro.
Leandro se quedó en el mismo sitio, la sonrisa desvaneciéndose lentamente de su rostro. Se giró y observó la figura arrogante de Adrián, una mueca de burla se dibujó en sus labios.
El cariño que llega tarde... ¿es más despreciable que la basura?
...
El humor de Adrián, que había sido excelente al pasar por la chocolatería, ahora estaba por los suelos. El encuentro con Leandro lo había dejado con un nudo en el estómago, lo que se reflejaba en su semblante. Sabía dónde estaba la oficina de Selena, así que se dirigió directamente hacia allí.


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