Selena también se sentía abatida. Sin embargo, para ella era más importante lograr un avance científico y tener algo con qué negociar con Adrián, que impedir que Jazmín se casara con un Rojas.
Le dolió mucho descubrir que la balanza de su suegra también se había inclinado hacia Jazmín. Comprendió que había cosas que no podía controlar. A su suegra le gustaba Jazmín por ser sensata y halagadora, y ella no podía imitarla para ganarse su favor.
—Bueno, Selena, si no quieres volver, no insistiré. No te preocupes, cuidaré de Fer y no dejaré que nadie con malas intenciones se le acerque —dijo Patricia. Ya le había contado a Selena que Jazmín, aprovechando que ella estaba estudiando en el extranjero, había intentado que el pequeño Fer la llamara "mamá".
Ser la otra a ese nivel ya no era ser descarada, era ser una sinvergüenza de marca mayor.
Patricia no podía dejar a Fer jugando arriba todo el tiempo, ya que el niño también quería interactuar con los invitados de abajo. Así que, lo llevó al primer piso.
En ese momento, el comedor era un caos. Algunos invitados estaban sentados en el patio, comiendo fruta y bebiendo vino.
Yago Arias fue uno de los últimos en llegar. Al bajar del carro, sus atractivos ojos recorrieron a la multitud en busca de una figura esbelta y elegante.
Jazmín lo vio y se acercó sonriendo.
—Yago, solo faltabas tú. ¿Has estado muy ocupado?
—Disculpa, tenía algunos asuntos pendientes —respondió Yago con una sonrisa. Le entregó a Jazmín el regalo que había traído—. Esto es para Adri, un pequeño detalle de mi parte.
Jazmín lo tomó y notó que pesaba un poco.
—¿Qué es? Parece algo muy valioso —preguntó con curiosidad.
—No es nada del otro mundo, es un juego de té —respondió Yago sonriendo.
Jazmín, con una sonrisa radiante, rompió el sello de la caja delante de él, ansiosa por ver el interior. Justo en ese momento, Adrián se acercó.
—Adri, Yago te ha regalado un juego de té. Tengo un poco de curiosidad, ¿puedo abrirlo para verlo? —preguntó Jazmín con una sonrisa.
Adrián asintió sonriendo.
—Si quieres verlo, adelante.
Los ojos de Jazmín brillaron. Se acercó a la mesa, abrió la caja con cuidado, echó un vistazo y la volvió a cerrar.
Al ver que Jazmín abría su regalo, Yago tuvo aún más claro que la relación entre ella y Adrián no era la de simples amigos. Si no fueran íntimos, ¿con qué derecho abría Jazmín el regalo? Y Adrián, además, parecía no darle importancia, como si la consintiera.
Al oírlo, Jazmín se sorprendió.
—¿Mi prima todavía no ha vuelto a casa? ¿Qué le pasa? Hoy es tu cumpleaños, no está bien que haga eso.
—No le hagas caso, es una aguafiestas —dijo Adrián, que ya estaba de mal humor. Las palabras de Jazmín fueron como echar leña al fuego, avivando aún más su enfado.
Yago también se quedó muy sorprendido. ¿En el cumpleaños de Adrián, Selena estaba trabajando? Esa información volvió a agitar las aguas en su interior.
La última vez, en la fiesta de la familia Arias, Adrián y Selena todavía interactuaban como un matrimonio. Pero hoy, su relación parecía haber llegado a un punto muerto.
—¿Y qué si no vuelve? ¿Acaso no vamos a celebrar el cumpleaños? —dijo Adrián con sarcasmo—. Para mí, que esté o no esté, no hace ninguna diferencia. La fiesta sigue.
Jazmín, comprensiva, lo consoló.
—Adri, seguro que a mi prima le surgió algo importante. No creo que no haya vuelto a propósito…
—No, lo hizo a propósito —dijo Adrián, bebiendo el brandy de un trago y golpeando la copa contra la mesa—. Lo hizo a propósito.

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