Dicho esto, Úrsula cogió su bolso y se fue.
El imponente cuerpo de Adrián se tambaleó de repente. Sintió un dolor en el pecho, como si le hubieran dado un puñetazo, una sensación indescriptible.
Estaba a punto de llamar a Selena para pedirle explicaciones, cuando sonó su celular. Era Yago.
—Yago, ¿qué pasa? —la voz de Adrián sonaba tensa.
—Adri, tu esposa está en el hospital con una bajada de azúcar, está con suero. Deberías venir a cuidarla.
—¿Selena se ha vuelto a desmayar? —dijo Adrián, atónito—. ¿Qué le pasa? No cuida nada su cuerpo.
—Bueno, Adri, tú deberías ser el primero en saber cómo está tu esposa. Aunque no quiera decir por qué, supongo que es por el exceso de trabajo —a Yago pareció no gustarle que Adrián hablara mal de Selena.
—La dirección —dijo Adrián con urgencia.
...
Una hora más tarde, cuando a Selena ya le habían quitado el suero, Adrián llegó apresuradamente. Yago estaba sentado a su lado. Selena, mientras recibía el tratamiento, tenía junto a ella la comida que acababa de terminar.
Al ver entrar a Adrián, Yago se levantó de inmediato. Selena, al ver quién era, se tensó y apartó la cara.
—Yago, gracias por salvarle la vida. Otro día te invito a comer —dijo Adrián en voz baja, agradecido.

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