—Mamá, la causa de hace cuatro años es la consecuencia de ahora. Si Selena no se hubiera casado conmigo, habría tenido una vida diferente. Si yo no me hubiera casado con ella, no habría vivido cuatro años de amargura. Pero tú, sabiendo la verdad, nos la ocultaste, nos hiciste desconfiar el uno del otro, nos torturaste. Es culpa tuya —dijo Adrián con frialdad, sentenciando a su madre.
—Sí, es culpa mía —dijo Úrsula, con un arrepentimiento que le corroía las entrañas. Las lágrimas le corrían por las mejillas mientras miraba con odio a las dos personas que tenía delante—. Pero, ¿cómo has podido darle tanto dinero? ¿Qué ha hecho ella para merecerlo? Si querías compensarla, con mil millones ya era suficiente. ¡Pero le has dado treinta mil millones! ¡Treinta mil millones! ¡Eres un derrochador!
Selena también se quedó sorprendida. Levantó la vista hacia el hombre que la protegía.
Úrsula, ya harta de su hijo, lo empujó y salió del despacho.
Selena miró la puerta cerrada y luego al hombre, con el rostro lívido y abatido.
—Adrián, ¿cómo has podido…? —dijo, sorprendida.
—¿Te duele? —dijo Adrián, girándose y acariciándole la mejilla pálida.
—No quería que me dieras tanto —dijo Selena en voz baja, apartándose de su mano y mordiéndose el labio.
—¿Te parece mucho? —se rio Adrián.
Selena se quedó perpleja. El dinero, por supuesto, nunca está de más. Pero recibir tanto de él la preocupaba.
—No te preocupes. Si te lo he dado, es porque te lo mereces —dijo Adrián, y volvió a sentarse en su sillón de cuero—. Si quieres agradecérmelo, puedes votar por mí en las próximas juntas directivas.
Selena miró a Adrián y, de repente, se dio cuenta de que, en estos cuatro años, no lo había conocido en absoluto.
—Tu madre está muy enfadada. ¿De verdad no importa? —le preguntó en voz baja.
—De acuerdo. Me quedaré en la villa por ahora. Buscaré una casa adecuada y, en cuanto la encuentre, me mudaré.
—¡Bien! —asintió Adrián, con una sonrisa de satisfacción en los labios.
Divorcio sin separación. Era solo el primer paso de su plan.
...
Úrsula sentía que el corazón y los pulmones le iban a estallar. Necesitaba que alguien la consolara, así que fue a buscar a Jazmín.
—Úrsula, ¿es verdad lo que dices? ¿Adri y ella se han divorciado? —dijo Jazmín, emocionada, con los ojos brillantes—. ¡Qué bien! Por fin se han deshecho de Selena.

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