Si no se hubieran divorciado, al escuchar esas palabras, Adrián Rojas todavía habría podido soltarle un par de contestaciones, usando la ley de matrimonio como escudo.
Pero en ese momento, las palabras de Yago Arias lo hicieron sentir un nudo en el estómago, y la cara se le puso roja de vergüenza.
—Yago, no me digas que de verdad quieres ser el padrastro de Fer —dijo Adrián, con la mirada notablemente ensombrecida.
Yago, en cambio, sonrió con calma.
—Adri, la que te gusta es Jazmín. Tú te permites volver a enamorarte, ¿pero no dejas que Selena busque a alguien más?
Adrián se quedó sin palabras.
—Sin importar si su matrimonio fue un error o no, ya se terminó. No deberías impedir que busque una nueva vida —dijo Yago, mirando a Adrián con seriedad.
Adrián abrió la boca para responder, pero no le salió nada.
Justo en ese momento, la maestra se acercó con Fer y Julito.
Los dos pequeños venían muy contentos de la mano, cuchicheando sobre algo que solo ellos entendían, en un ambiente de lo más ameno.
—Papá…
—Tío…
Cada niño corrió hacia uno de los dos hombres apuestos.
Adrián se agachó y levantó a su hijo con un solo brazo. Luego, le dijo a Yago:
—Nos vamos primero.
Yago asintió con un "sí" y también levantó a Julito.
—Papá, al rato quiero seguir jugando con mi primito Julito, ¿le puedes decir al señor Arias?
El semblante de Adrián se endureció un poco.
—Fer, ¿te cae muy bien el señor Arias?
—¿Claro que sí! Es muy amable —respondió Fer con alegría, mientras se aferraba con más fuerza al cuello de su padre.
Adrián sintió una punzada de dolor en el pecho. Que su hijo dijera que le gustaba Yago, ¿significaba que Selena le había dicho algo?
—En la noche, papá te va a llevar a cenar con tu mamá, ¿te parece? —dijo Adrián, cambiando rápidamente el tema para distraer a su hijo.
—Sí, me parece bien, pero Julito…
—Otro día lo invitamos a la casa para que jueguen —lo convenció Adrián.
—¡Bueno! —dijo Fer, con una sombra de decepción en su carita.
Adrián llevó a su hijo directamente a la empresa. Aún no oscurecía y sabía que Selena no tendría tiempo para cenar.
—¿Adri? —Al ver su imponente figura, Jazmín sonrió con ternura—. Perdón por venir a buscarte sin avisar.
—¿Necesitas algo? —preguntó Adrián con aire ausente, sentándose a su lado.
Jazmín estudió su expresión; no parecía muy contento.
Inmediatamente, le preguntó en voz baja:
—Úrsula me dijo que tú y mi prima se divorciaron. ¿Por qué tan de repente? ¿Será que ella…?
—No tiene nada que ver con ella, divorciarme también fue mi decisión —la interrumpió Adrián antes de que Jazmín pudiera terminar su especulación.
Jazmín adoptó al instante una expresión dócil.
—Ah, bueno. ¿Y qué planes tienes ahora? —preguntó, mostrando su preocupación por él.
—Trabajar, ganar dinero, criar a mi hijo y reconquistar a mi exesposa —soltó Adrián, sin saber qué cable se le había cruzado para que, ante esa pregunta de Jazmín, respondiera de forma tan directa.
El rostro de Jazmín se puso blanco como el papel al instante. Se mordió el labio inferior, pensando que tal vez había escuchado mal.
—Adri, acabas de decir… ¿reconquistar a tu exesposa? No entiendo, ¿no se acaban de divorciar? —Jazmín intentó forzar una sonrisa, pero le costó tanto trabajo que el resultado fue una mueca horrible.
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