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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 27

Poco a poco, estaba suplantando a Selena en la familia Rojas. Ya se había ganado a la abuela e incluso se había hecho amiga de Renata. La única que se interponía en su camino era Úrsula.

Pero Jazmín no tenía prisa. La demanda que su tío había interpuesto años atrás, y que había dejado a sus padres en una situación tan humillante, había sembrado una semilla de odio en su corazón.

Ahora, Selena ya no tenía a sus poderosos padres para protegerla.

A partir de ese momento, Jazmín le arrebataría, una por una, todas las cosas y personas que le importaban.

Selena la miró con furia, pero las palabras no le salían. En realidad, quería rogarle que detuviera el lanzamiento del medicamento para evitar un daño irreparable a los pacientes.

Jazmín notó la rabia en el rostro de Selena y se limitó a sonreír.

—Prima, si no soy bienvenida... entonces será mejor que me vaya.

—¿Y si te pido que te vayas, de verdad lo harás? —replicó Selena con desdén.

Jazmín se quedó perpleja por un instante, pero luego adoptó un tono comprensivo.

—Está bien, prima. No los molestaré más.

Dicho esto, se dio la vuelta con una expresión de tristeza, dispuesta a marcharse.

—Selena... —resonó a sus espaldas una voz masculina y grave—. Ocúpate de tus propios asuntos.

Cuando Jazmín estaba a punto de irse, Adrián la sujetó de la muñeca.

—Ya casi es hora de comer. Quédate.

Una sombra de incomodidad cruzó el rostro de Jazmín.

—Adri, no me dijiste que era una comida familiar de los Rojas. ¿Qué hago yo aquí, una extraña? —dijo, lanzando una mirada a una Selena visiblemente molesta—. No quiero causar más malentendidos. Habla con tu esposa, yo me retiro.

Y sin más, Jazmín se fue.

El rostro de Adrián se ensombreció. Se giró hacia Selena y la fulminó con la mirada.

—¿Estás satisfecha?

Selena se sintió atrapada. Quería hablar de algo completamente diferente, pero todo se había torcido en un nuevo malentendido.

«Al diablo», pensó. Si Adrián quería verla como una mujer celosa, que lo hiciera. No iba a darle explicaciones.

La partida de Jazmín agrió el ambiente de la reunión familiar.

La abuela lanzó los cubiertos sobre la mesa con un golpe seco, sin disimular su mal humor.

—Selena, en lugar de perder el tiempo en celos, deberías aprender a ser una buena esposa.

Ante el estallido de la matriarca, nadie se atrevió a respirar.

—Yo no le pedí que se fuera, fue su decisión —aclaró Selena.

—¡Ja! Si no le hubieras hablado de esa manera tan desagradable, ¿por qué se habría ido? —se burló la anciana.

De repente, Fabio estrelló su tazón contra el suelo y, señalando a Selena, gritó:

—¡Eres una mala mujer! ¡No mereces ser mi cuñada! ¿Por qué hiciste que Jaz se fuera? ¡La que debería irse eres tú!

El muchacho de diecisiete años estaba en plena edad de rebeldía y sus largos años de enfermedad habían vuelto su carácter impredecible. Llevaba desde los ocho años encerrado en hospitales, y Jazmín era una de las pocas mujeres que lo había tratado con dulzura. En pleno despertar de sus primeros sentimientos, el tiempo compartido había hecho nacer en él una extraña atracción hacia ella.

Había esperado con ansias la comida de hoy para poder estar con Jazmín.

Las palabras de Fabio la habían golpeado como una bofetada de realidad.

No era digna de Adrián.

Todos lo pensaban.

Y la raíz de todo el drama de ese día era una sola: Adrián no la amaba.

Los métodos de Jazmín eran cada vez más refinados. Con solo hacer acto de presencia, la había empujado al abismo.

...

Selena no fue a casa. Condujo hasta el Laboratorio SemillaViva.

El laboratorio aún estaba en proceso de instalar los nuevos equipos y Fabián Castañeda se encontraba reclutando personal. El proyecto contaba con la inversión de varias farmacéuticas internacionales que buscaban expandirse en el mercado nacional, desarrollando nuevos medicamentos adaptados a la constitución de la población local.

Todo el equipo era de última generación, de lo mejor a nivel mundial.

—Doctor Castañeda, necesito hablar con usted de algo muy importante —dijo Selena en cuanto vio a Fabián.

—Claro, vamos a mi oficina —respondió él.

Selena le entregó las pastillas que había traído del hospital y el prospecto.

—Este es un medicamento que el Grupo Torres planea lanzar al mercado. Llevan tres años investigándolo.

Fabián leyó el prospecto y frunció el ceño.

—Recuerdo que tu padre también investigó este compuesto, pero por alguna razón que desconozco, canceló el proyecto.

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