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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 283

Adrián sintió como si le hubieran dado un golpe seco. Una irritación indescriptible lo invadió.

—Me amo a mí mismo. Ya está, no vuelvas a hacer esa pregunta.

¡Ricardo se asustó!

¿Habría tocado un punto sensible de su jefe? ¿Por eso se había enojado tanto?

—De ahora en adelante, si alguien en la empresa anda chismorreando sobre Jazmín y yo, despídelo de inmediato. Los contrato para que generen valor, no para que cotilleen —Adrián decidió tomar medidas drásticas para aplastar el asunto rápidamente.

Ricardo asintió de inmediato.

—No se preocupe, señor Rojas, haré exactamente eso.

***

La noticia del divorcio de Adrián y Selena se extendió como la pólvora por la empresa.

Entre los más felices estaban, por supuesto, los allegados a Jazmín.

La familia Torres sentía que su momento de gloria había llegado. Jazmín era la amada de Adrián, y el puesto de señora Rojas era, sin duda, para ella.

Julián Torres y su familia pensaban lo mismo.

En la mesa del desayuno de la familia Torres, todos sonreían de oreja a oreja.

La abuela, con un aire de revancha, comentó:

—Esa mocosa de Selena no tuvo la suerte suficiente para ocupar el puesto de matriarca de la familia Rojas. Tiene que ser Jazmín.

La señora Torres también estaba radiante de felicidad y dijo con orgullo:

—Jazmín tiene un carácter tranquilo. Cualquiera con dos dedos de frente puede ver que es mucho más adecuada para el señor Rojas que Selena. Es sociable, diplomática, tiene su propia carrera, es hermosa y, lo más importante, en estos cuatro años ha acompañado al señor Rojas a innumerables eventos, apoyándolo también en su carrera. Comparada con la simpleza de Selena, Jazmín es muy superior.

Julián ya había empezado a beber desde temprano.

—La suerte de Jazmín está por llegar —chasqueó la lengua—. Antes, como no estaban divorciados, Jazmín tenía que ser discreta y aguantar. Ahora que se han separado, puede entrar y salir de la casa de los Rojas con total libertad. Estoy seguro de que no tardaremos en oír campanas de boda.

La señora Torres recordó algo y dijo con una sonrisa:

—Hace un par de días, estaba de compras y me encontré con la señora Rojas. Me regaló una bufanda en ese mismo momento. ¡Y no era nada barata, costaba ciento ochenta mil pesos! Yo no me atrevía a aceptarla, pero ella insistió tanto que hasta se molestó cuando dije que no.

La abuela, al oír esto, pareció tener también algo bueno que contar.

—A ti te regaló una bufanda, y a mí me invitaron a comer hace poco. La abuela Rojas fue la anfitriona. Antes era una mujer bastante altiva, se creía mucho por la posición de la familia Rojas en el mundo de los negocios y apenas nos dirigía la palabra. Pero ese día, no paró de tomarme de la mano, pidiéndome que le contara cosas de Jazmín. Así que le conté todo desde que era una niña.

Julián, al ver que las dos mujeres de la casa recibían atenciones de la familia Rojas, también se sintió orgulloso.

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