Entrar Via

La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 308

—Claro que no —respondió Adrián, entre la prisa y la angustia—. ¿Cómo se te ocurre sospechar de mí?

—Si no fuiste tú, ¿puedes ayudarme a aclarar todo esto? —le preguntó Selena en voz baja.

Adrián asintió.

—Por supuesto. Lo investigaré a fondo, te lo juro. Te daré una respuesta.

Gonzalo, al ver que Adrián aceptaba tan rápido, lo miró con desconfianza.

—Señor Rojas, estamos hablando de la vida de una persona. Espero que cumpla su palabra y no solo le esté dando el avión.

Al ver que Gonzalo dudaba de él, Adrián también se molestó.

—Doctor Velázquez, a mí me preocupa su seguridad más que a ti. No te preocupes, me haré cargo de esto hasta el final.

Para aclarar el asunto, los tres regresaron a la comisaría.

Cuando los dos criminales, paralizados por el miedo, vieron aparecer a Selena de nuevo, se pusieron pálidos como el papel.

Adrián se paró frente a ellos y, con un aura imponente, preguntó:

—Mírenme bien la cara. ¿Fui yo?

Los dos hombres negaron con la cabeza una y otra vez.

—No. Por la voz, parecía un hombre de mediana edad.

Adrián frunció el ceño.

—¿Tienen alguna otra característica más específica?

Los dos hombres se miraron y, al segundo, uno de ellos dijo:

—Creo que el tipo tenía una cicatriz en la muñeca. Ese día estaba muy oscuro y la verdad no se veía bien, pero cuando agachó la cabeza para encender un cigarro, por costumbre de mi oficio, me fijé en su mano y me acuerdo de eso.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Esposa Invisible que Dejaste Ir