Adrián soltó un bufido frío y se dio la vuelta para salir.
Se dirigió con su equipo directamente al Grupo Torres. Cuando le comunicó a Julián que retiraría la inversión, este estaba sentado en su escritorio, escuchando el informe del equipo sobre los últimos avances en investigación y desarrollo.
Adrián se detuvo en la puerta de la oficina y escuchó a alguien decir con entusiasmo:
—Ya analizamos la muestra que trajo la señorita. Sus micromoléculas pueden acelerar la descomposición de las células envejecidas y revitalizar las nuevas. Además, el aroma a jazmín es muy fresco, seguro que le gustará al mercado.
—¿Otro producto nuevo? —preguntó Adrián con voz neutra, entrando por la puerta.
Julián se acercó de inmediato con una sonrisa de oreja a oreja.
—Señor Rojas, ¿qué lo trae por aquí?
Adrián ignoró su sonrisa servil y tomó directamente el nuevo producto que estaba sobre la mesa.
Se lo acercó a la nariz y lo olió. El aroma era idéntico al del gel de ducha casero de Selena, incluso ese ligero regusto era el mismo.
Adrián miró fijamente a Julián.
—¿Acaban de decir que esta muestra la trajo su hija?
Otro ingeniero de desarrollo asintió de inmediato.
—Sí, aunque no sabemos de dónde la sacó la señorita, y la cantidad era muy pequeña, fue suficiente para que la desarrolláramos…
—¿Desde cuándo vale la pena enaltecer lo robado? —Adrián miró a Julián con severidad—. ¿Sabía que su hija es una ladrona?

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