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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 40

Aunque Selena no solía frecuentar estos eventos de negocios, no se sentía intimidada. Conversaba con cortesía y amabilidad con quien se le acercaba.

Para muchos, era la primera vez que la veían en persona, por lo que su apariencia se convirtió en el tema principal de conversación.

Jazmín, por su parte, se quedó sin su papel protagónico de la noche y su expresión se ensombreció. Se sentó en una silla, con una copa de vino tinto en la mano. Virginia, como su sombra, se sentó a su lado.

Cerca de ellas, un grupo de mujeres comentaba abiertamente sobre el aspecto de Selena.

—Y yo que pensaba que era fea y por eso no la sacaba a ningún lado.

—Resulta que es guapísima. El señor Rojas sí que la tenía bien escondida. ¿Será que le da miedo que se la roben?

—Oí que sus padres eran eminencias en el mundo de la ciencia, pero que fallecieron en un accidente.

—¿Ustedes creen que el señor Rojas se casó con ella por sus genes?

Virginia, que escuchaba la conversación, miró de reojo a Jazmín. Su rostro reflejaba una profunda desilusión.

—Jaz, ¿a esa cara de agua sin sal le llaman belleza? ¿Qué les pasa? —susurró Virginia con desprecio.

Jazmín se sintió un poco mejor.

—Bueno, sobre gustos no hay nada escrito. Quizás a Adri le gustan las mujeres discretas.

—¿Discretas? ¿Desde cuándo eso es mejor que una rosa exuberante? —continuó Virginia—. Jaz, si te paras a su lado, no te llega ni a los talones.

Al oír esto, una sonrisa iluminó el rostro de Jazmín.

—Gracias por el cumplido, Virgi. Pero cada quien tiene sus gustos, dejemos que las cosas fluyan.

—Jaz, estoy segura de que el señor Rojas terminará enamorándose de ti —afirmó Virginia con convicción.

Jazmín se sobresaltó. ¿Acaso Virginia estaba loca? ¿Cómo podía decir algo así en público?

—Virginia, no digas esas cosas, podrías meterme en problemas —la reprendió Jazmín con seriedad.

Virginia se tapó la boca, asustada.

—Sí, lo siento, Jaz. Es que me da coraje por ti.

—Gracias. Tener una amiga como tú es una suerte —dijo Jazmín, agradecida.

Virginia, sintiéndose elogiada al más alto nivel, sonrió de oreja a oreja.

...

Leandro esperó a que Selena y Adrián terminaran de saludar para acercarse a ella.

—Selena, no esperaba que vinieras —dijo, su rostro iluminado por una sonrisa cálida.

—Leandro, tú también estás aquí —le devolvió ella la sonrisa.

—Leandro, ahora vuelvo.

Se dirigió directamente hacia donde estaba su hijo.

Jazmín intentaba que su propio hijo la llamara «mamá», lo que demostraba su descarada ambición. Antes, Selena no había podido hacer nada por estar lejos.

Pero ahora, no permitiría que Jazmín se acercara a su hijo ni un centímetro.

Justo cuando Jazmín iba a sacar el carrito de juguete como por arte de magia para dárselo a Fer, una voz suave resonó:

—Fer, ven, mi amor. Mamá te va a dar algo rico de comer.

El pequeño saltó de las piernas de su padre y corrió a los brazos de Selena.

Jazmín se quedó helada.

Selena tomó a su hijo de la mano y se lo llevó a la zona de comida.

Jazmín, avergonzada, dejó el carrito sobre la mesa y miró a Adrián con impotencia.

—Parece que mi prima ya no quiere que me acerque a Fer.

Adrián también se había dado cuenta. El instinto posesivo de esa mujer con su hijo era excesivo.

—No le hagas caso —la consoló.

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