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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 51

Cecilia Muñoz no lo pensó dos veces. Tomó a Selena Torres de la mano y se lanzó hacia adentro.

Apenas entraron, se encontraron con un grupo de personas sentadas, todos vestidos de traje, con una formalidad impecable.

Se trataba de una suite enorme, y el lugar donde estaban reunidos parecía más una sala de juntas que una habitación de hotel. Adrián Rojas presidía la mesa, Julián Torres y su hija también estaban presentes, junto a más de una docena de hombres y mujeres que parecían ser altos ejecutivos.

En una pantalla gigante a un lado, se proyectaba una serie de datos de laboratorio.

—¿Qué… qué está pasando aquí? —Cecilia se quedó de una pieza.

Selena reaccionó al instante y se apresuró a disculparse.

—Lo siento, nos equivocamos de lugar.

Dicho esto, tiró del brazo de Cecilia, retrocedió y cerró la puerta.

—Selena, la información era incorrecta —le dijo Cecilia, con una mueca de bochorno.

Selena también se sentía humillada, pero no culpó a su amiga.

—No te preocupes —le respondió con dulzura.

—¿Crees que ese perro de Rojas haya adivinado a qué veníamos? —preguntó Cecilia con inquietud—. ¿Crees que ahora estará más alerta?

Selena soltó un suspiro.

—No importa. Si ya la abrazó en público, ¿de verdad crees que le preocupa algo?

Cecilia asintió, reconociendo que tenía razón.

Dentro de la suite, el ambiente quedó en silencio por unos segundos después de la interrupción.

—Continúen —ordenó Adrián con voz grave.

La reunión se reanudó.

En el rostro demacrado de Jazmín Torres, una ligera sonrisa de desdén asomó en sus ojos. «¿Acaso Selena vino a buscar una infidelidad?», pensó. «Qué imagen tan patética, no tiene nada de clase». De pronto, Jazmín sintió una nueva oleada de confianza en su futuro.

Cuando la reunión terminó, Adrián se fue del hotel, seguido por los ejecutivos. Julián Torres y su hija se quedaron sentados en la sala.

—Tenemos que encontrar a quien publicó eso cuanto antes —dijo Julián mientras fumaba—. El señor Rojas no puede enterarse.

Jazmín jugueteaba con un adorno sobre la mesa.

—Ya envié a alguien a buscarlo. Solo necesitamos saber su dirección IP para dar con esa persona.

Julián dio una calada profunda.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Julián.

—Jazmín, qué lista eres, lo viste todo al momento. Los padres de Selena murieron, y ahora la familia Rojas es su único refugio. Es natural que se aferre a ellos como si su vida dependiera de eso.

—A los hombres no les gustan esas relaciones, los asfixian —dijo Jazmín, arqueando una ceja—. Es como la arena en la mano: mientras más la aprietas, más rápido se escapa.

—Entonces, Jazmín, tienes que aplicarte. Ya que entiendes tan bien cómo piensan los hombres, no me preocupo —Julián le dio una palmada en el brazo—. Cásate pronto con los Rojas. Cuando eso pase, ¿crees que tu padre tendrá que seguir aguantando a nadie?

Jazmín asintió, con la determinación brillando en sus ojos.

—No te preocupes, papá. Su relación ya está rota. Tarde o temprano se van a divorciar.

—Encuentra a esa tal Spirt y convéncela de que se una al equipo —le recordó Julián—. Tenemos que desarrollar el nuevo medicamento cuanto antes. El lanzamiento puede esperar, pero la empresa necesita salir a la bolsa para conseguir financiamiento.

...

El cielo se oscurecía. Selena jugaba a la pelota con su hijo en el jardín.

Un carro Bentley plateado entró por la reja.

Sus potentes faros rasgaron la oscuridad.

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