—Mamá, ¿acaso has oído algún rumor? Si son rumores, seguramente son falsos —sonrió Adrián.
—No me importa si es verdad o no. Selena es una mujer, y es sensible. Aunque tengas negocios con la señorita Torres, no está bien que se vean tanto —le advirtió Úrsula con seriedad.
Adrián miró hacia el jardín. ¿Acaso Selena había ido con chismes? ¿Y le habría contado también su parte de la historia?
—Mamá, ya soy un adulto. Sé lo que es el respeto. El problema es que… hay quienes no lo entienden —solo con su madre Adrián se permitía mostrar un atisbo de inmadurez.
—Adri, ¿qué quieres decir con eso? —Úrsula, que no era tonta, lo entendió al instante, y su rostro mostró sorpresa.
—Mamá, te habrás dado cuenta de que Selena no me quiere, ¿verdad? —dijo Adrián con frialdad.
—¿No te quiere? —Úrsula estaba atónita—. Yo creo que sí siente algo por ti.
—Eso debe ser una ilusión tuya, mamá —replicó Adrián con un gesto de desdén.
—No me digas que en cuatro años de matrimonio no han logrado desarrollar ningún sentimiento —a Úrsula se le rompió el corazón.
Al ver que a su madre le costaba aceptarlo, Adrián decidió no seguir con el tema.
—Mamá, tengo que advertirte. Si ella y yo nos divorciamos…
—¿Es necesario llegar a eso? —suspiró Úrsula—. Qué desastre.
La conversación de Adrián se vio interrumpida por la entrada de Fer.
—¡Papá, hay una oruga enorme! ¡Ven a ver! —Fer lo agarró de un dedo y lo arrastró hacia afuera.
Adrián no tuvo más remedio que seguirlo al jardín. Allí, vio a Selena hablando por teléfono junto al columpio. La oruga la había encontrado su hijo solo. Al verlo llegar, Selena se alejó aún más, como si temiera que él pudiera oír su conversación.
Selena estaba hablando por teléfono con Diana. Tenía una clase programada por la mañana y quería pedirle a Gonzalo que la sustituyera, ya que ella solo estaría libre por la tarde.
Justo cuando terminaba la llamada, oyó el llanto desconsolado de su hijo. El pequeño, con los puños cerrados, pataleaba y lloraba. Selena, pensando que algo grave había pasado, corrió hacia él.
—¡Papá es un inútil, dejó escapar a la oruga!
Era la primera vez que Adrián era padre, y nunca imaginó que llegaría el día en que sería un inútil a los ojos de su hijo.
Selena lo abrazó y lo consoló durante un buen rato. Adrián, con el rostro rígido, se quedó a un lado, queriendo consolarlo también, pero el pequeño no quería saber nada de él. Adrián finalmente entendió que con los niños, a veces, la lógica no servía de nada.
Después de comer, Selena salió en su carro. Mientras esperaba en un semáforo, un Bentley plateado se detuvo a su lado. De reojo, vio a Adrián hablando por teléfono con el manos libres. En cuanto la luz se puso en verde, su carro arrancó y se perdió entre el tráfico.
Selena sintió un vacío en el corazón, una amargura que se extendía. Empezaba a costarle admitir que alguna vez lo había amado.

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