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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 89

La asistente de Lidia, al notar su aversión por Selena, le susurró:

—No es más que por el nombre de sus padres. Si no tiene talento de verdad, solo irá a hacer el ridículo.

—Veremos qué tan grande es el ridículo que hace —respondió Lidia con una sonrisa, cruzándose de brazos.

Fabián reunió a su equipo de seis personas.

—Disculpen el retraso —dijo una figura esbelta al entrar. Gonzalo se unió a ellos, listo para trabajar.

—Esta es una tarea difícil, pero debemos superarla. El prestigio del país está en juego. ¡Anímense, vamos! —dijo Fabián con voz firme, de pie frente al equipo.

Subieron a un autobús militar. Dentro, recibieron los primeros informes. Selena, al leer los síntomas, frunció el ceño. El vicepresidente sufría de fiebre alta persistente, erupciones cutáneas, daño en el sistema respiratorio y un sistema inmunitario debilitado. Si los médicos militares ya lo habían tratado sin éxito, solo controlando el empeoramiento, era crucial desarrollar un medicamento específico para que mejorara.

A las siete en punto, llegaron a su destino: un edificio de laboratorios militares de acceso restringido, equipado con la tecnología más avanzada del mundo.

En un austero auditorio, los mejores equipos de investigación del país esperaban en un silencio solemne.

De repente, una puerta se abrió y un hombre de traje, acompañado por altos mandos militares, entró. Selena levantó la vista y se quedó atónita al reconocer la figura alta y erguida. Era Yago.

Jazmín, que no le quitaba los ojos de encima, notó que su mirada no se detenía en ella y su expresión cambió. Instintivamente, miró hacia atrás y vio a Selena. ¿Acaso era a ella a quien Yago no dejaba de mirar?

Una inexplicable irritación se apoderó de Jazmín, como si la hubieran traicionado.

La reunión fue directa al grano. En cuanto terminó, los equipos fueron conducidos a sus laboratorios.

—Señorita Torres… —Selena estaba discutiendo los detalles de la reunión con Gonzalo cuando una voz grave la llamó. Se detuvo y vio a Yago acercarse.

—Director Arias… —lo saludó con formalidad.

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