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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 93

Una ola de emoción recorrió el laboratorio. Después de medio mes de arduo trabajo, por fin habían logrado un resultado.

—A partir de este momento, todos los presentes deben guardar secreto sobre este experimento —dijo Fabián, emocionado—. Selena, Gonzalo, han hecho un gran trabajo.

—No, el mérito es de Selena. Yo solo he colaborado —sonrió Gonzalo.

—Sea como sea, finalmente hemos dado un gran paso —asintió Fabián.

Durante las siguientes semanas, Selena vivió prácticamente en el laboratorio. A veces, estaba tan absorta en el trabajo que se olvidaba de comer.

Gonzalo la observaba. Esa mujer trabajaba sin descanso, y su cuerpo, ya de por sí delgado, parecía haberse encogido aún más. De repente, sintió una gran curiosidad por conocer al hombre que no sabía valorar a una mujer así.

Selena era hermosa, trabajadora y brillante. Si fuera él… la cuidaría y la valoraría como se merecía.

Así que, un día, durante un descanso, le preguntó a Fabián:

—Señor Castañeda, ¿conoce al marido de Selena? ¿Cómo es él? —inquirió Gonzalo, como si no le diera importancia.

Fabián frunció el ceño. Se dio cuenta de que había prometido conocer al marido de Selena, pero con tanto trabajo, se le había olvidado por completo.

—Todavía no lo conozco —sonrió—. Selena dice que es un hombre muy capaz.

Gonzalo se quedó pensativo, escéptico. Si era tan excepcional, ¿por qué Selena quería divorciarse?

En un tiempo récord, Selena había repetido el experimento cientos de veces con resultados notables. Pero una cosa era que funcionara en ratones y otra muy distinta que fuera seguro para el tratamiento en humanos.

Las reuniones se sucedían una tras otra. Esta vez, Jazmín estaba sentada en la sala de conferencias con un aire de desánimo. La princesa orgullosa, agotada por el exceso de trabajo y frustrada por la falta de avances, se sentía derrotada.

Miró a Selena. Como siempre, estaba tranquila, con la mirada clara y despierta. Aparte de haber adelgazado, no parecía mostrar el menor signo de cansancio.

Jazmín había notado que últimamente Lidia llevaba muchos ratones al laboratorio y sintió un escalofrío. ¿Acaso el Laboratorio SemillaViva había conseguido resultados?

—¡Cuántos ratones! ¿Van a hacer muchos experimentos? —le preguntó Jazmín con una sonrisa.

Aunque Lidia detestaba a Selena, en los asuntos importantes sabía guardar un secreto.

—Compañera, tengo prisa. Te veo luego —sonrió y se fue a toda prisa.

—Oye… —Jazmín la vio desaparecer y su rostro se ensombreció.

Antes, había pensado en manipular a Lidia para que le pusiera trabas a Selena en el laboratorio, pero ahora veía que no era de fiar.

Lidia entró corriendo al laboratorio. Al ver a sus colegas trabajando, suspiró aliviada.

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