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La esposa que nunca se queja romance Capítulo 8

A Beatriz se le subió la furia a la cabeza. ¡Esto era el colmo! ¿Cómo se atrevía esa chiquilla a gritarle en su propia casa? ¡Se le dio un poco de libertad y ya se olvidó de quién manda!

—¡No creas que porque te casaste con un Guzmán me puedes venir a gritar! ¡Si no hubiera sido por mí, que obligué a Gustavo a casarse contigo, él jamás se habría fijado en ti!

—¡Ja! El día de tu boda, te dejó tirada por una llamadita de su antiguo amor. ¿Qué te dice eso? ¡Que no le importas en lo más mínimo! Así que deja de venir a dártelas de gran señora conmigo.

Natalia esbozó una sonrisa de pura burla hacia sí misma. Así era su familia: siempre sabían exactamente dónde clavar el puñal para que doliera más.

—Tienes razón, no me ama. Por eso mismo voy a pedir el divorcio y voy a devolver el dinero —dijo Natalia en un tono completamente sereno, lanzando una mirada fría a Beatriz.

Esas palabras cayeron como una bomba, dejando a Beatriz con los ojos desorbitados.

Tardó un buen rato en recuperar el aliento antes de preguntar con voz temblorosa: —Estás tratando de asustarme a propósito, ¿verdad? ¡Dime que estás bromeando!

Después de haber logrado el milagro de emparentar con millonarios, ¿iba a divorciarse por caprichos de amor? ¿Estaba loca?

Beatriz escudriñó el rostro de Natalia por unos segundos y se convenció de que debía ser una broma.

Soltó un suspiro de alivio y su actitud cambió por completo. —Nati, como tu madrastra tengo derecho a regañarte un poco, ¿pero cómo vas a hacerme una broma tan pesada? El matrimonio no es un juego, no puedes andar diciendo que te vas a divorciar así como así.

En ese preciso momento, se escuchó el ruido de unas llaves en la puerta. Era el padre de Natalia, Antonio Valdés, que acababa de llegar.

Beatriz hizo que se le llenaran los ojos de lágrimas al instante. Se mordió el labio inferior y se quejó con voz lastimera: —Antonio, qué bueno que llegaste.

Antonio la miró confundido. —¿Estás llorando? ¿Quién te hizo esto?

Beatriz no dijo nada, solo desvió su mirada acuosa hacia Natalia.

Natalia sonrió con frialdad. Todos ahí eran actores de primera. A veces realmente sentía que estaba viviendo en un set de grabación.

—¡Nati, pídele perdón a Beatriz ahora mismo! —le exigió Antonio, sin siquiera preguntar qué había pasado.

A Natalia todo aquello le pareció un chiste. —Papá, ¿ni siquiera sabes qué pasó y ya me estás pidiendo que me disculpe con ella?

—¡No importa lo que haya pasado! Si ella está llorando, ¡la culpa es tuya!

El corazón de Natalia ya estaba lleno de cicatrices; esa nueva herida no significaba nada. Tampoco tenía ganas de discutir con ellos sobre quién tenía la razón, así que miró directamente a su padre. —¡Los seis millones de pesos de dote que me dio la familia Guzmán, me los van a devolver, centavo por centavo!

Antonio se puso furioso. —¡Ya eres la señora Guzmán y todavía vienes a pelear por esa miseria! ¡Te crie para nada!

Capítulo 8 1

Capítulo 8 2

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