Entrar Via

La esposa que nunca se queja romance Capítulo 9

Al salir de la casa de la familia Valdés, Natalia tomó un taxi de regreso a la villa. Al entrar, vio a Doña Rosa y a dos empleadas limpiando un verdadero 'campo de batalla'.

Natalia echó un vistazo a la sala de estar; la escena solo podía describirse como desastrosa.

Gustavo era un hombre con fobia a la suciedad. Quién sabe si al ver su casa en ese estado seguiría aguantando a su amor platónico y a su hijo.

—Señora... —Doña Rosa empezó a hablar, pero se contuvo. Natalia solo soltó un ligero 'ajá' y subió las escaleras sin mostrar ninguna expresión.

Sabía que Doña Rosa quería quejarse con ella, pero se había equivocado de persona. Debería habérselo dicho a Gustavo, no a ella, que no era más que una figura decorativa en esa casa.

Después de un día lleno de carreras y altibajos emocionales, Natalia se dejó caer en la cama con los ojos cerrados, calculando cuáles serían sus próximos movimientos.

Para poder divorciarse sin contratiempos, necesitaba reunir dinero. Ya no podía contar con que su padre y su madrastra le pagaran; su propia cuenta bancaria no llegaba ni a la mitad de lo que necesitaba, e incluso si vendía los lingotes de oro y le pedía prestado a Julieta, seguiría sin ser suficiente.

En cuanto a pedir un préstamo al banco, sin un trabajo formal no tenía forma de calificar para uno.

Natalia sentía que se iba a volver loca de la frustración.

De repente, recordó algo, un evento del pasado que había decidido sepultar hace tres años.

Agarró el celular a su lado, desbloqueó la pantalla y su dedo se detuvo sobre la foto de perfil de su antiguo compañero y socio, Leonardo Lozano.

El registro de la conversación llevaba inactivo desde hacía tres años.

Durante la universidad, había empezado una empresa con Leonardo. Ella aportaba el conocimiento técnico, Leonardo ponía el capital, y juntos crearon una compañía de Inteligencia Artificial. Justo coincidió con el boom tecnológico de la industria, y los inversionistas no tardaron en buscarlos; la compañía creció de manera acelerada.

Cuando Natalia se graduó, estaban listos para dominar el mercado. Pero ella decidió ceder su puesto de socia, renunciando a todas sus acciones sin pedir ni un solo peso.

Cuando Leonardo escuchó la noticia, no lo podía creer. —¿Estás dispuesta a tirar tu carrera a la basura por casarte?

Natalia respondió llena de vergüenza: —Sí, su familia no quiere que yo ande en el mundo de los negocios.

—¡Increíble! ¡Tanto tiempo conociéndote para descubrir que estás ciega por amor!

Las burlas llovieron una tras otra, pero Natalia insistió en irse. En su relación con Gustavo, ella se sentía demasiado inferior; así que cuando él le sugirió sutilmente que quería que fuera ama de casa, aceptó sin pensarlo dos veces.

—Bien, ¡te estaré esperando el día que te arrepientas!

Soltando esas palabras, Leonardo aprobó de inmediato su renuncia.

Pero a pesar de sus duras palabras, Leonardo tenía un corazón de oro. Conservó sus acciones, y en estos tres años, a medida que la empresa crecía, los dividendos generados por esa participación se fueron acumulando más y más.

Capítulo 9 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La esposa que nunca se queja