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La Esposa que Quemó su Pasado romance Capítulo 57

Patricio fue atrapado con las manos en la masa y, de paso, le cortaron la llamada.

Tobías soltó un suspiro de frustración. Justo cuando estaba escuchando, otra vez se quedó sin poder oír la voz de Nerea.

Pasó un buen rato antes de que Patricio volviera a marcarle.

—Señor Tobías, me cacharon hace rato —dijo Patricio, con la voz baja.

—¡Te dije que tuvieras cuidado! ¿Cómo es posible que te hayan descubierto tan fácil? —reviró Tobías, ya con tono impaciente.

—Fue la señorita Almudena, que me mandó un mensaje preguntando por usted. La pantalla del celular se encendió y ahí me pescó la señorita Isidora —explicó Patricio, con un dejo de resignación.

Tobías sentía el coraje atorado en el pecho, como si no pudiera respirar.

—Bloquéala —ordenó seco.

—¿Está seguro? Mire que al final de cuentas lleva a su hijo en la panza, y si pasa algo urgente y no puede localizarme…

—Tranquilo, mis papás la cuidan como si fuera de oro. No necesitas que te contacte para nada —lo interrumpió Tobías, tajante.

Patricio solo pudo acatar.

—Está bien, al rato la bloqueo entonces.

—Oye… —Tobías recordó la conversación entre Nerea e Isidora y no pudo evitar que se le dibujara una sonrisa—. Si mi esposa compra algo a escondidas, tú hazte el desentendido, ¿entiendes?

—¿Se refiere a la camisa? —preguntó Patricio, dudoso.

—Tú solo haz como si no supieras nada, no la delates.

Patricio se palmó la frente, como si de pronto recordara algo importante.

—Cierto, cierto, señor Tobías, ya mero es su aniversario de bodas el próximo mes, ¿verdad?

Tobías sintió que todo su cuerpo se relajaba.

—Sí, aniversario. Me está preparando una sorpresa, así que yo también tengo que buscarle un regalo especial.

—Por lo que veo, la señora ya le bajó un poco al enojo y seguro piensa que usted es el que más la quiere. Por eso quiere acercarse otra vez —comentó Patricio, con tono de complicidad.

Esas palabras le llegaron a lo más hondo a Tobías.

Toda la tristeza y la molestia que tenía se esfumaron al instante, como si le hubieran dado una inyección de energía.

—Patricio, ve encargando unas rosas francesas, contrata unos jardineros y que las planten en el invernadero de la casa. Y aparte, encárgate de comprar todas las rosas que tengan ese día en la Ciudad Selénico y mándalas directo al cuarto de mi esposa. Y dile a Roberto que le agradezco, seguro fue por él que Nere cambió de opinión.

—Sí, señor, le haré llegar su agradecimiento al señor Delgado. Solo que…

—¿Solo qué?

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