Narra Camille:
En las puertas de mi ropero, colgaba mi vestido de novia…negro como la noche, la única “elección” que he tenido en la vida.
Al día siguiente es mi boda, y después de eso, la ceremonia de apareamiento se llevaría a cabo, y yo, Camille Auclair, estaba perfectamente consciente de que mi Alfa, Vincent Moreau, no me amaba en lo absoluto, pues sus ojos siempre se habían mantenido vigilando a mi hermana gemela, menor que yo por solo algunos minutos…pues Juliette, era simplemente perfecta.
Me miré en el espejo una vez más, como solía hacer de manera obsesiva todas las noches; allí estaban, los rollitos en mi estomago no se habían ido, y mis caderas demasiado anchas parecían temblar con la luz de las velas aromáticas que encendí intentando relajarme.
Soy gorda, siempre lo he sido, y esa es la principal razón por la cual Vincent siempre me ha despreciado, y la única razón por la cual soy yo, y no Juliette, su luna prometida, es porque tuve la suerte (o la desgracia) de nacer primero, y como tal, siendo la primogénita de la casa Auclair, era yo quien debía de ser tomada por el hijo de la manada Moreau, aliados de mi padre, pues se tiene la creencia de que las hijas primogénitas son quienes nacen con la fuerza de la manada en el vientre, y por ende, mis cachorros serán más poderosos que los de mi hermana.
Una gran estupidez que me ha condenado a permanecer atada a un hombre al que odio y que me odia.
Una lagrima solitaria me recorre la mejilla derecha, y mi mirada se concentra en mi gordura…
“Eres una vaca asquerosa, tendré que hacer un gran esfuerzo en la ceremonia de apareamiento para no vomitar debido a tu grasa.”
“El me ama a mí, tu solo serás su luna ante la vista de todos y le darás a su hijo, pero seré yo quien duerma en su cama”
“Tienes que cumplir tu deber…no tienes derecho a negarte a ser la luna de la manada Moreau.”
DEBER
Esa era la palabra que más detestaba, aun mas que me llamasen gorda.
Nunca en mis 21 años de existir, tuve la oportunidad de elegir nada por mí misma, mis juguetes eran al gusto de mi caprichosa hermana gemela para que ella pudiese usarlos, mis vestidos debían de ser el doble de anchos para mí porque era Juliette quien tenía que resaltar, y sobre el amor…jamás pude escoger con quien unir mi vida, todo fue impuesto por terceros hacia mí.
Sin embargo, el recuerdo de aquel dulce niño de mis memorias; aquel que conocí cuando solo tenía 6 años, y que me limpio la crema de mi vestido cuando Juliette y Vincent me empujaron en la mesa de postres de una fiesta, me hizo sentir el deseo de llorar.
“Cuando sea grande, quiero que tu seas mi única luna, porque eres muy bonita.”


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