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La gemela curvy elegida por el Alfa romance Capítulo 5

Narra Camille:

Las risas no se hicieron esperar, y en ese momento comprendí que Juliette había planeado todo esto para “vengarse” de mi por unirme al hombre al que ella amaba. Por eso me había lanzando aquella advertencia.

Me quedé allí, sentada en el suelo, cubierta de pastel, con el vestido arruinado y el corazón latiendo con fuerza debido a la humillación. El olor dulce me revolvió aún más el estómago y cuando levanté la vista, vi a Vincent y Juliette intercambiando una mirada cómplice. Lo habían planeado ambos, no solo ella, o, al menos, él había aprovechado el momento para humillarme frente a todos.

Me puse de pie lentamente, quitándome trozos de pastel del cabello, y mi voz salió más firme de lo que esperaba, dejando ver lo cansada que ya estaba de sufrir por todo aquello:

—Basta. — dije.

Vincent se giró hacia mí con una sonrisa burlona.

—¿Basta? ¿Ahora te haces la víctima, Camille? Todos saben que envidias a Juliette. Eres más gordita, menos hermosa, ¿crees que no lo noto? Jamás te querría como mi luna. Solo lo hago por la alianza entre nuestras manadas. ¿Quién querría tomar a una loba como tú cuando puede tener a alguien como ella? — dijo Vincent con su ya acostumbrada crueldad.

Sus palabras fueron como otro latigazo de humillación para mí. La multitud murmuró. Mi padre, el Alfa Henri Auclair, frunció el ceño, pero no dijo nada en mi defensa.

Respiré hondo y miré a Vincent directamente a los ojos.

—Entonces no me tendrás. Rechazo el vínculo. No me uniré a ti. — dije como un ultimátum, sin dar margen a nada más, y sabiendo bien que no tan fácilmente podría negarme, pues mi destino no me pertenecía.

Un murmullo colectivo recorrió el jardín, y en ese momento mi padre dio un paso adelante, rojo de la ira.

—¡Camille! ¡La ley del lobo es clara! Como hija mayor, debes unirte al alfa destinado. ¡Confórmate con no ser amada si es necesario! Es tu deber. Dale un hijo a Vincent, y quédate en las sombras, como siempre. — mi padre gritó esperando a que, como siempre, yo cediera.

—No. — respondí, con la voz temblando, pero clara. — No me conformaré con ser humillada el resto de mi vida. — dije oponiéndome.

No quería nada de esto, aunque sabía que no podía oponerme. Todas aquellas humillaciones, me habían cansado.

El rostro de mi padre se endureció.

—No puedes negarte, eres mi hija mayor, te guste o no debes de cumplir con lo que te he ordenado, como la primogénita, solo tú puedes ser tomada por un Alfa, y si te niegas y desafías la ley del lobo, serás desterrada para siempre y marcada como una loba sin pareja. Nadie te querrá, y sabes bien que tu hermana no puede ser tomada sin que tú lo seas primero, ¿Eso es lo que quieres?, ¿Realmente estas dispuesta a desafiarme? — mi padre me cuestionó.

—La ley del lobo dice que solo mis hijos nacerán fuertes, ¿Pero y si eso es mentira?, ¿Por qué debo de unir mi vida a la de un lobo que no me ama por un supuesto? — desafié temblando.

La decisión de la loba herida. 1

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