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La gemela curvy elegida por el Alfa romance Capítulo 3

Narra Camille:

El momento había llegado…mi condena final, mi destino marcado, pero en mi mente, aquel extraño hombre del bar seguía tocando mi cuerpo y devorando mis labios.

¿Era real o no lo era? Aquel broche que oculté entre mis joyas de boda, me decía que si lo era…pero desperté en mi cama esa mañana y sin aroma alguno sobre mi cuerpo que me dijera que si había sido real.

Negando, me miré en el espejo.

El vestido negro se pegaba a mi cuerpo como una segunda piel que no terminaba de pertenecerme…se sentía tal y como se sentía toda mi vida, tan solo una mentira.

Recordando las palabras del hombre del bar, noté que mis ojos eran bonitos, del color de las tormentas. Y que aquel vestido, aunque representaba mi ruina, me hacía lucir de cierta manera, “hermosa” pues ocultaba gran parte de mi gordura.

Era elegante, sí, pero también era un recordatorio constante de lo que se esperaba de mí: ser la hija mayor, la heredera obediente que debía de dar a luz al hijo de un Alfa, la Luna de nombre de la manada Moreau, pero la loba gorda a la que todos despreciaban eternamente…todas eran cosas que realmente no había elegido ni deseado.

Hoy era el día de mi ceremonia de vínculo con Vincent Moreau, el día de mi apareamiento, y el Alfa destinado a mí desde que tenía memoria, no sentía nada más que asco hacía mí, y yo no sentía más que odio hacia él…tan solo quería desaparecer.

Me miré en el espejo del vestidor de la mansión Auclair por última vez. Mis curvas, más pronunciadas que las de mi hermana gemela, se marcaban bajo la tela oscura; yo había elegido ese vestido que llevaba puesto, para intentar disimular mi pequeña panza ante los invitados. El estrés de años fingiendo que todo estaba bien había hecho su trabajo, y tenía más peso del que, según me decían, resultaba agradable hacia la vista de los varones, incluido mi padre, quien constantemente me recriminada por ello, jamás me había dejado de recordar lo indeseable que era.

Entonces noté las pisadas en el vestido que mi hermana gemela había hecho el día anterior sobre él, para remarcar su punto. No las borre…no tenía caso. Estaba atrapada en aquel destino, y durante un momento tan solo quise llorar…pero tampoco tenía caso hacerlo…y a mi mente tan solo llegaban los recuerdos de aquel dulce niño que prometió convertirme en su luna…y de aquel extraño que me besó con pasión…con deseo.

Juliette siempre había sido la delgada, la hermosa, la que todos admiraban. Yo era la gordita, la que supuestamente envidiaba a su gemela por esa razón y le había hecho la vida imposible, pues tanto mi padre como ella, se habían encargado de decir que era yo quien la maltrataba a ella, y no al revés. Al menos eso era lo que ella se encargaba de susurrar en los oídos correctos. Ambas éramos dueñas de una piel color morena clara, largo cabello negro, como el ébano, muy liso, y unos ojos grises que heredamos de nuestra madre.

Mi padre me odiaba pues al nacer primero, fui yo quien desgarró el vientre de mi madre, y quien provocó su muerte, y aunque tanto mi gemela y yo éramos idénticas, solo en Juliette mi padre veía a mi madre fallecida…en mí, tan solo veía a quien le provocó la muerte…por eso, siempre me desprecio.

La ceremonia que nunca quise. 1

La ceremonia que nunca quise. 2

La ceremonia que nunca quise. 3

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