Karina Quintana jamás soñó que lo que destruiría su matrimonio no sería la amante, la otra, o alguna zorra, sino su cuñada… Selena Guzmán.
Dos meses atrás, Selena regresó al país y se hizo cargo de todos los asuntos de Fabio Torres, grandes y pequeños.
Desde prepararle un caldo para la cruda hasta elegirle la ropa para salir.
Desde servirle la comida y pelarle los camarones hasta pasear del brazo con él.
Incluso el agua para su baño nocturno ya estaba lista de antemano
Karina, ocupada en el desarrollo del chip de imagen de tercera generación, apenas había vuelto a casa en los últimos dos meses.
Cuando la empleada doméstica le dijo que el comportamiento de los hermanos sobrepasaba los límites de una relación fraternal normal, no le dio importancia.
Después de todo, Selena era siete años menor que Fabio; él la había rescatado de la nieve y la crio como si fuera su propia hermana.
Era natural que su vínculo fuera más profundo.
Además, Fabio siempre se había mostrado frío y serio con las demás mujeres.
Ella siempre había confiado ciegamente en él.
Hasta que un día, regresó a casa sin avisar…
Karina se detuvo en la puerta del dormitorio.
La sonrisa se le congeló en el rostro al ver a Selena, en camisón, recostada sobre Fabio, quien tenía el cuello de la bata entreabierto.
Los pectorales bronceados de Fabio quedaban al descubierto, y las manos de Selena se deslizaban por debajo de la tela.
—¡Por flojo, por flojo! Caro ya se fue al kínder y tú todavía no te levantas a cambiarte…
Fabio soltó una risa que rara vez se le escuchaba.
—Me haces cosquillas… Ya, Seli, para. Me levanto, de verdad que no puedo contigo.
—Dime, hermano, ¿no es este despertador humano mucho más atento y útil que mi cuñada?
Karina estaba segura de que Fabio diría que no.
Hacía seis años, por casarse con ella, él estuvo dispuesto a cortar lazos con su familia.
Incluso hizo un juramento: «Karina siempre tiene la razón. Si Karina se equivoca, se aplica la primera regla».
Los jóvenes ricos de Ciudad Centauro definían a Fabio de una manera: ¡adoraba a su esposa con locura!
Cada vez que Fabio quería quedarse en la cama, le bastaba una sola mirada para que él cediera dócilmente…
Pero al segundo siguiente, Karina escuchó a Fabio decirle a Selena con un tono tierno y consentidor:
Karina no detuvo su paso.
Sabía que, para ese momento, Fabio y Selena ya se habían percatado de su llegada.
Los esperaría en la sala principal.
***
Karina revisó las grabaciones de las cámaras de seguridad.
Resulta que cuando ella estaba en casa, Selena actuaba como una niña buena y modosita.
Pero cuando no estaba, usaba la taza de Fabio para beber agua.
Lo abrazaba por la espalda.
Dormía con el brazo de Fabio por almohada.
Y Fabio, sin decir nada, sin rechazarla, había permitido en silencio las transgresiones de Selena.
Además de eso, Selena también había influenciado a Caro.
Constantemente le metía en la cabeza lo maravillosa que era la infancia de los niños en el extranjero, permitiéndole usar perfume y maquillaje con total libertad.

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