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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 56

Justo cuando marcaba por segunda vez, una Land Rover blanca se detuvo frente a él.

La ventanilla bajó, y Ariel, con una ligera sonrisa en los labios, preguntó:

—Director Torres, ¿está esperando a Karina?

Fabio se sintió aún más irritado. Miró a Ariel con frialdad, esperando a ver qué más tenía que decir.

—Karina está disfrutando de la comida de su tierra. Tiene buen apetito, por eso la demora.

La ira de Fabio se encendió.

—Estoy esperando a mi esposa. Puedo esperar todo el tiempo que sea necesario. Me sorprende lo campante que hablas, como si ya fueras de la casa.

Melisa bajó su ventanilla y asomó la cabeza, curiosa por ver al esposo de la señora.

Justo al asomarse, se encontró con la mirada fulminante de Fabio.

Melisa se estremeció.

«La mirada de ese señor es muy intimidante, igual que la de Carolina».

Una fibra sensible en el interior de Fabio se tensó, provocándole una extraña incomodidad.

Apartó la vista de Melisa de inmediato.

Al volver a mirar a Ariel, se dio cuenta de que este tenía el brazo izquierdo apoyado en el marco de la ventanilla.

Y en su muñeca, llevaba un reloj de hombre con carátula gris que se parecía mucho al que Karina había comprado en el centro unos días antes.

—Qué reloj tan particular tiene, profesor Solano.

Ariel levantó la muñeca con toda naturalidad.

—¿Este?

Miró el reloj con un aprecio evidente, y un brillo de satisfacción apareció en sus ojos oscuros.

—Fue un regalo de Karina.

Fabio apretó los puños, su rostro se tornó lívido.

Ariel sonrió con aire de suficiencia, subió la ventanilla y se marchó.

—No tienes que provocarme a propósito. ¿Crees que de verdad me importa?

—A mí no me importa si a ti te importa… Fabio, para mí, ya no significas nada.

El corazón de Fabio dio un vuelco, sintiendo una punzada de dolor real.

«¡Imposible! Seguro está haciendo un berrinche. Quiere que yo dé el primer paso para reconciliarnos, como antes…»

—¿Y el contrato? Dámelo para firmarlo.

Karina revisó el contrato página por página, sin mostrar la más mínima emoción en su rostro.

Sus largas pestañas temblaban mientras sus ojos se clavaban en su propio nombre, en la sección del cedente.

Sin lágrimas, sin quejas, sin preguntas. Solo un silencio sepulcral.

Fabio observaba su reacción y finalmente se dio cuenta de lo extraña que era su actitud.

Conociendo el carácter de Karina, al ver que le había dado a Seli la Hacienda de las Rosas que una vez fue de ella, lo normal habría sido que le gritara.

Recordó su frase: “ya no significas nada”, y de repente tuvo la sensación de que, esta vez, Karina podría no volver…

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