Cuando Daniela escuchó eso, de inmediato lo entendió todo.
—Hache, de verdad eres muy listo. Yo ni siquiera lo pensé así.
En ese momento, tanto ella como Sabrina solo habían estado al pendiente de Ulises y Fidel. Sobre los guardaespaldas, ni siquiera recordaban sus caras.
Por supuesto, Sabrina estaba igual.
Quién iba a imaginar que Sebastián pudiera notar un error tan pequeño y conseguir pruebas tan contundentes que dejaran a Ulises sin manera de defenderse.
Sabiendo que todo se había resuelto de la mejor forma, Daniela por fin pudo relajarse.
Se volvió hacia Sabrina.
—Sabrina, si ya no necesitas nada más, me voy a ausentar un rato. Cualquier cosa, háblame, y te aseguro que vengo en cuanto me llames.
Sebastián no solo era bueno para los trancazos, también tenía una mente ágil. Daniela se fue tranquila, sin ninguna preocupación.
—Va, tú ve a lo tuyo, si surge algo te aviso —dijo Sabrina.
Daniela apenas había salido cuando el celular de Sabrina sonó. Era Esteban.
Sabrina miró a Sebastián.
—Acompáñame al Grupo Ramos, ¿sí? Así de paso te vas familiarizando con el ambiente de allá.
Sebastián asintió sin chistar.
Ya en el carro, Sabrina recordó que Daniela y Sebastián habían mencionado algo sobre una recompensa. Sacó su teléfono y le hizo una transferencia a Sebastián.
—Hache, aquí tienes lo de ayer, tu bono.
Sabrina ni siquiera sabía cuántos carros había chocado Sebastián en total, solo hizo una cuenta aproximada. De todos modos, prefería pasarse de generosa antes que quedarse corta.
Además, Sabrina le transfirió treinta millones más, como gratificación por haber conseguido las pruebas.
Ahora, si bien Sabrina no andaba corta de dinero, la mayor parte de su capital ya lo tenía invertido. Después de la transferencia, apenas le quedaban dos millones disponibles.
Para una persona común, dos millones es una fortuna. Pero para una familia de la talla de los Ramos, esa cantidad no era nada, apenas lo que gastarían en un vestido hecho a medida.
Sebastián no aceptó la transferencia y soltó:
Sabrina se quedó un poco pasmada.
—¿Nada más?
—Nada más.
Sabrina pensó en preguntarle a Sebastián por su insomnio, pero al abrir la boca, la tristeza le nubló el rostro. Ella ya no podía tocar el violín, así que tampoco tenía forma de ayudarlo con su problema de insomnio.
El carro arrancó despacio.
Sebastián, aunque casi siempre se mostraba alegre y despreocupado, en realidad no era de hablar mucho. Sin Daniela para animar el ambiente, los dos se quedaron más callados que de costumbre.
Sabrina notó que, desde que Sebastián había regresado de aquel descanso, parecía otro. Seguía igual por fuera, pero, no sabía si era solo cosa suya, sentía que ya no sonreía tanto ni era tan platicador como antes.
De repente, recordó algo.
—Hache, el video de los hombres de Fidel, ¿lo hiciste tú o le pediste ayuda a un hacker?
Se acordó que una vez, al ir a buscar a Sebastián por un asunto, alcanzó a ver la laptop de él encendida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...