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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1138

A Sabrina le cruzó por la cabeza una duda, pero al final se levantó y dijo:

—Llévame a ver.

Camilo, aliviado, dejó escapar el aire que tenía contenido.

—Señorita Ibáñez, le agradezco mucho.

...

En la oficina, Jorge se masajeaba las sienes, tratando de combatir el cansancio.

Llevaba días sin descansar bien, y en su cara se notaba el agotamiento.

La secretaria, Cintia, entró con una carpeta en las manos.

—Señor Olivares, aquí están los documentos que pidió.

Jorge apenas levantó la mirada, su voz sonó apagada cuando respondió:

—Déjalos ahí.

Tomó los papeles y estuvo a punto de abrirlos, pero Cintia no se movió del lugar.

—Señor Olivares...

Cintia apretó los labios, la preocupación se le notaba en los ojos.

—¿Por qué no descansa un poco?

Jorge mantuvo el tono seco.

—No hace falta, puedes irte.

—Señor Olivares...

La voz de Jorge se endureció todavía más.

—Te dije que te fueras.

Cintia, conteniendo el dolor y el cariño que sentía por él, salió de la oficina en silencio.

Pasaron unos minutos. De nuevo, alguien tocó la puerta.

Jorge frunció las cejas, sin levantar la cabeza.

—No quiero comer nada ahora, si no es importante, por favor no me interrumpan.

El silencio se apoderó de la oficina. Sin embargo, quien estaba ahí no se fue.

Jorge, visiblemente molesto, levantó la vista. Pero al reconocer a la persona, quedó sorprendido.

—¿Sabrina? ¿Qué haces aquí de repente?

Al pronunciar esas palabras, parecía que algo le cruzó por la mente y el gesto se le endureció.

—¿Camilo te dijo algo?

Sabrina lo miraba con atención.

—Me dijo que llevas días sin descansar ni comer bien.

A Jorge se le marcó el ceño.

Capítulo 1138 1

Capítulo 1138 2

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