Al escuchar esto, Daniela no mostró sorpresa alguna en su rostro.
—Lo supuse, imaginé que me estaba dando la información adrede. Cuando decidí infiltrarme a su lado, sabía que él y Ulises tenían rencillas. Aunque no me ayudara, seguro que tampoco ayudaría a Ulises. Si tenía la oportunidad, querría derribarlo. Aunque no creyera que yo pudiera hacerlo, si él no actuaba, nunca tendría la oportunidad. Al darme una oportunidad, aunque fuera del uno por ciento, era mejor que cero. Si yo fuera él, también me arriesgaría; si me descubrían, solo tendría que echarme y ya, no perdía nada. Si me descubrió o no, no era mi problema; yo solo fui buscando una oportunidad para atacar a Ulises.
Sabrina pensaba que Daniela había estado a oscuras todo el tiempo. No esperaba que tuviera las cosas tan claras. Y Daniela realmente lo había logrado. Gracias a la oportunidad que ella brindó, pudieron herir de gravedad a Ulises.
Viendo que Sabrina estaba decaída, Daniela dijo:
—Sabrina, ve a descansar. Por cierto, la habitación que me dejaste antes, ¿sigue disponible? Desde hoy, voy a reemplazar a Hache y me quedaré a tu lado para acompañarte.
Sabrina se quedó un poco atónita al escucharla.
Daniela añadió:
—Aunque tal vez no lo haga tan bien como Hache, me esforzaré mucho.
Sabrina no dijo nada, solo asintió levemente.
Al entrar al vestíbulo, los gritos de un hombre y una mujer rompieron el silencio de la sala.
Daniela se sorprendió.
—Sabrina, ¿quién está peleando?
Sabrina le contó brevemente el asunto de Esteban y Rosa Flores.
Daniela se sintió muy satisfecha.
—¡Qué bueno! ¡Al que obra mal, se le pudre el tamal!

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