—Todo el tiempo es «Sabrina esto», «Sabrina aquello»... Tu querida Sabrina es la bondad personificada. ¿Y Cami? ¿Para ti es solo una mujer calculadora que busca su propio beneficio, verdad?
Sebastián Fonseca lo miró con extrañeza.
—Nos conocemos desde hace mucho tiempo los tres. Sabemos perfectamente de qué pie cojea cada uno, ¿no es así? Es un hecho que Camila Silva no tiene el buen corazón de Sabrina. Si realmente quieres compararlas, mejor di que Camila es más racional que Sabrina, y que tiene más recursos para conseguir lo que quiere.
El rostro de Camila fue perdiendo color poco a poco.
Samuel Sheffield sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos; al contrario, su mirada era fría como el hielo.
—¿Más racional? ¿Te refieres a que Cami sabe medir mejor los beneficios? ¿Más recursos...? ¿Estás diciendo que Cami es más despiadada?
Sebastián aplaudió suavemente con una sonrisa y lo admitió con total franqueza.
—Tú sí que me entiendes. No en vano nos conocemos desde hace tantos años.
Samuel soltó una risa burlona.
—¿Y tú qué? ¿Te crees mejor? Delante de Sabrina Ibáñez te haces pasar por un santo, pero llevas la maldad en la sangre. Una vez que Sabrina descubra tu verdadera cara, ¿crees que seguirá contigo?
Samuel estaba que echaba humo. Si Camila no lo hubiera estado sujetando, se le habría ido encima.
¡Ese tipo era un desgraciado!
Le caía pésimo, pero no podía deshacerse de él.
No entendía qué le veía Cami.
Sebastián no lo negó; en cambio, sonrió:
—¿Y por qué tendría que enterarse? Basta con que nunca lo sepa, ¿no?
Miró la hora y preguntó:
—Se hace tarde. ¿Quieren que me quede a seguir viendo su drama o...?
Camila se adelantó antes de que Samuel pudiera responder:
—Ya estamos bien, puedes irte.
Sebastián les lanzó una mirada a ambos y se dio la media vuelta para irse.
La voz de Samuel resonó a sus espaldas:
—¡Sebastián, el día que recuperes la memoria te vas a arrepentir!
Sebastián detuvo el paso un instante, pero no volteó y siguió su camino.
Eva Ramos y las demás fueron llevadas a un lugar con los ojos vendados.
Cuando les quitaron las vendas negras, todas mostraron una expresión de asombro.
Estaban en un privado de lujo.
La decoración era sumamente ostentosa; el candelabro de cristal dorado brillaba tanto que casi lastimaba la vista. Los sofás y los muebles eran elegantes y refinados, y el suelo de mármol estaba tan limpio que parecía un espejo.
Victoria Linares se paró frente a las chicas y habló con calma:
—Al llegar aquí, ya dieron el primer paso real. Olvídense de sus berrinches de niñas ricas que hacen en casa; aquí nadie las va a consentir. En un momento vendrá el dueño, así que compórtense. No hablen de más... luego no digan que no les avisé.
Mientras Victoria las sermoneaba, la puerta del privado se abrió de repente.
Un mesero abrió la puerta con total respeto.
—Pase, señor.
La expresión de Victoria se volvió seria de inmediato; era evidente que ese «señor» era el jefe del que acababa de hablar.
A juzgar por la actitud de Victoria, el dueño del lugar debía ser alguien muy importante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...