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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1836

Sabrina tenía muy claro que, de no ser porque André vigilaba de cerca a Jorge, impidiendo que hiciera algún movimiento en falso, ella ya habría sido trasladada a otro lugar.

André la miró; parecía tener algo que decir, pero al final se quedó en silencio.

André entró en la mansión junto con ella.

—Sebastián se está quedando aquí por ahora —comentó él.

Sabrina sintió un nudo en el estómago. André sabía que ella había vuelto y la esperaba en la puerta, pero Sebastián no había salido a recibirla. Eso solo podía significar que no estaba en condiciones de hacerlo.

Nada más entrar, Sabrina vio a Joseph bajando las escaleras. Él ya parecía estar enterado de la noticia y, al verla sana y salva, soltó un largo suspiro de alivio.

—Señorita Ibáñez, qué bueno que está bien, si no...

Sabrina se acercó a paso rápido.

—¿Cómo está Sebas?

Joseph puso una expresión grave.

—No muy bien. Desde que se desmayó aquel día, el señor Fonseca no ha vuelto a despertar.

Joseph la puso al tanto de lo ocurrido en los últimos días:

—Hace poco, Ricardo notó movimientos en las acciones del Grupo Hoyos y viajó a Chile para investigar. Esta mañana por fin consiguió información: el documento de transferencia fue firmado por usted, señorita Ibáñez. Así confirmamos que no estaba muerta. Y hay algo más...

Joseph la miró con una expresión indescifrable.

—Las acciones de Ulises fueron congeladas temporalmente.

Sabrina levantó una ceja.

—¿Congeladas?

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