Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1853

Nuevo hogarLa Guerra de una Madre Traicionada ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

El doctor Andrés Navarro lo miró fijamente y respondió con calma:

—No hay un porqué. Así trabajo yo.

Si no les parece, pueden irse por donde vinieron.

Antes de que la cosa se pusiera tensa, Hernán intervino para calmar los ánimos.

—Oye, muchacho, estás en mi casa. ¿A poco desconfías de mí?

Sabrina también intentó calmarlo.

—Sebas, voy a estar bien.

Como lo primordial era la salud de la mano de Sabrina, Sebastián entendió que no valía la pena armar un pleito y cedió.

Se detuvo donde estaba.

Una vez que Sabrina y el doctor salieron del cuarto, Hernán se dirigió a Sebastián.

—Ya que vamos a estar aquí sentados, échate una partida de ajedrez conmigo.

—Me parece bien —aceptó sin dudar.

Media hora después, a pesar de que Hernán intentó hacer trampa deshaciendo varias de sus jugadas, terminó perdiendo.

El anciano se acarició la barba canosa, contemplando el tablero.

—Llevo media vida jugando a esto, y un chamaco viene a darme una paliza. De verdad que la familia Fonseca cría puro talento.

—Fue suerte, don Hernán. Además, me dio mucha ventaja —respondió Sebastián con falsa modestia.

Hernán levantó la vista y lo miró con detenimiento.

—Muchacho, el que juega con fuego no solo quema a los demás, siempre termina quemándose a sí mismo.

Antes no eras tan... despiadado. Nunca te había sentido esa vibra tan pesada.

Sebastián observó las piezas en el tablero y replicó en tono frío:

—Cuando uno encuentra algo que de verdad quiere proteger, hace lo que sea necesario. Sin importar el precio.

Dicho esto, cambió de tema de golpe.

—Usted ha llevado al Grupo Castaño a la cima, eso no lo hace cualquiera. Y hay algo que he querido preguntarle desde hace rato.

Hernán le dio un sorbo a su té.

—Dime.

—¿Nunca ha pensado en cambiar de heredero?

Los ojos de Hernán, que hasta ese momento parecían cansados, se afilaron como navajas.

—¿Ya ni siquiera te molestas en disimular, verdad?

Sebastián mantuvo su sonrisa.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada