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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1856

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La noche era profunda y Sabrina ya estaba profundamente dormida.

Sebastián, con el celular en la mano, estaba de pie junto a la ventana del pasillo y preguntó:

—¿Cómo va el asunto?

Joseph bajó la voz:

—Después de haber sido secuestrada por Rey Lennard Hoffmann y llevada a Nueva Granada, Eva se ha vuelto muy paranoica con su seguridad. No solo cuenta con la protección de los Ramos, sino también con la de las familias Valdés y Castaño. Su esquema de seguridad es muy estricto. Tras el incidente con Federico, Eva es aún más cuidadosa. Encontrar una oportunidad para actuar... me temo que será muy difícil.

Después de todo, estaban en Chile, el territorio de ellos. Secuestrar a alguien en el terreno del enemigo no era nada sencillo.

Al escuchar esto, Sebastián no pareció demasiado sorprendido. Preguntó con tranquilidad:

—¿Cómo va la investigación que te pedí?

—El señor Fonseca no se equivocó —respondió Joseph—. Ese hombre no murió, pero sufrió quemaduras graves por el fuego y su rostro quedó casi desfigurado.

—Filtra la noticia del compromiso de Eva a esos dos hermanos —ordenó Sebastián.

Joseph se sorprendió un poco.

—Entendido.

Tras colgar, Sebastián no regresó de inmediato a la habitación, sino que se quedó mirando la inmensidad de la noche por la ventana. Esbozó una leve sonrisa, pero sus ojos reflejaban una mirada helada.

Nadie que intentara obstaculizar su camino o el de Sabrina iba a salirse con la suya.

***

Unos días después, metieron a Sabrina al quirófano.

La cirugía no ponía en riesgo su vida ni era una intervención mayor, pero requería de muchísima precisión.

Hernán había sido cirujano en jefe toda su vida, y esta era la primera vez que le tocaba ser el asistente de alguien más.

Tras revisar el instrumental y el equipo médico del quirófano para cerciorarse de que todo estuviera en orden, el anestesiólogo procedió a sedar a Sabrina.

Al ver cómo Sabrina cerraba los ojos lentamente a punto de quedar inconsciente, Hernán no aguantó más y empezó a quejarse:

—Dime una cosa, Andrés, ¿no me estás metiendo en un problema? Si el muchacho de los Fonseca se entera de que metiste al chico de los Hoyos al quirófano para ver a Sabrina, me va a romper todos los huesos. ¡En toda mi vida nunca he hecho nada que me remuerda la conciencia, y ahora tú me vienes a ensuciar el historial!

Andrés levantó un poco la vista y respondió:

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