Chile era el territorio de la familia Ramos. Si los dos hermanos del Grupo Delgado se atrevían a causar problemas allí, definitivamente no saldrían vivos.
Mientras lograran controlarlos, no era imposible darle la vuelta a la situación de hoy.
Martín acababa de dar la orden cuando Javier, que había estado sentado en la silla de ruedas sin decir una palabra, de repente se abrió la chaqueta.
La voz de Javier era aún más ronca y desagradable que la de Emiliano, sonaba como un fuelle roto.
Esbozó una sonrisa macabra.
—Si alguien se atreve a tocarnos, no nos importa llevarnos a todos los presentes con nosotros. Con tantos peces gordos acompañándonos, morir aquí no sería un mal trato.
Fue entonces cuando todos se dieron cuenta de que Javier llevaba el torso cubierto de explosivos. En su mano, sostenía un detonador.
El caos se apoderó del lugar.
Sabrina tampoco esperaba que los hermanos del Grupo Delgado estuvieran tan locos como para atarse explosivos al cuerpo.
Si esos explosivos detonaban, casi todos los presentes morirían con ellos.
Sebastián le tomó la mano con suavidad.
—Sabrina, no te preocupes, no dejaré que te pase nada.
Sabrina recordó de pronto cómo Sebastián la había protegido con su propio cuerpo durante aquella explosión en el pasado, sin dejar que sufriera ni un rasguño.
Con ese pensamiento, el corazón de Sabrina se tranquilizó.
Al ver los explosivos, nadie se atrevió a mover un músculo.
Al ver que el video seguía reproduciéndose en la pantalla gigante después de tanto rato, Martín estalló de coraje:
—¿No les dije que apagaran la pantalla? ¡¿Por qué sigue encendida?!
Los hermanos no solo habían cambiado el video, sino que también habían hablado un buen rato.
Por muy lentos que fueran, era imposible que el video siguiera reproduciéndose tanto tiempo.
El asistente de Martín llegó corriendo, empapado en sudor. Temblaba de pies a cabeza y su voz estaba a punto de quebrarse.
—¡Señor Ramos, no es que no queramos apagarlo, es que no podemos!
El rostro de Martín se ensombreció.
—¡¿Cómo que no pueden?!
El asistente explicó temblando:
—El... el sistema está controlado por un hacker, así que... así que es imposible apagarlo...
A Martín se le nubló la vista, casi le da un infarto del coraje.
—¿No se les ocurrió desconectarlo de la corriente? —preguntó con voz grave.
El asistente puso cara de tragedia.
—Ya lo intentamos, pero destruyeron los interruptores del sistema eléctrico... El enemigo vino muy bien preparado, me temo que a corto plazo...
En ese momento, los miembros de la familia Valdés, que estaban sentados en el lado de la novia, tenían unas caras de pocos amigos.
¡Esta fiesta de compromiso no solo era una humillación para la familia Ramos, sino también para los Valdés!
Ramiro, a quien le acababan de poner los cuernos en público... No, peor aún, ahora que todos habían visto a su prometida en todo su esplendor, era como si le hubieran puesto los cuernos frente al mundo entero.
Su expresión ya no podía describirse solo como de enojo; parecía que iba a matar a alguien en cualquier segundo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...