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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1873

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Al parecer, nada de lo que tuviera que ver con Eva podía moverle un pelo a Ulises.

Ella dijo:

—Ya que regresaste y que congelaron tus acciones, esa transferencia que le hiciste a Sabrina ya no vale, ¿verdad...?

Ulises la interrumpió fríamente antes de que terminara:

—Lo que yo regalo, jamás lo pido de vuelta.

Rocío no se dio por vencida.

—¡Pero es el treinta por ciento de las acciones! Aunque quieras compensar a Sabrina, no tienes por qué darle tanto.

»Además, después de este desmadre, Eva va a quedar fuera del Grupo Ramos. Esteban y Félix no son ninguna amenaza para Sabrina, y Federico sigue en coma. Prácticamente Sabrina ya tiene el control total y nadie puede moverla.

»Ya no necesita tus acciones.

Ulises respondió:

—Rocío, mantenerse en la cima es mucho más difícil que llegar a ella.

Rocío se quedó sin palabras.

Tenía razón. ¿Acaso el mismo Ulises no era el mejor ejemplo de eso?

Tras una pausa, Rocío insistió:

—Pero, por más que le des, Sabrina no se va a quedar contigo.

»Me enteré de que ella y Sebas ya se van a casar.

»Hermano, ya no tienes oportunidad, mejor olvídalo antes de que salgas más lastimado.

A ojos de Rocío, si Ulises había sido capaz de olvidar a Eva después de tantos años, renunciar a Sabrina no le costaría trabajo.

¿Cuánto tiempo llevaban de conocerse siquiera?

Pero Ulises contestó:

—Ese es mi problema, y a nadie más le importa.

Rocío se quedó helada.

A nadie más le importa...

Que le gustara Sabrina era cosa solo de él. ¿Incluso no tenía nada que ver con la misma Sabrina?

Con razón, antes de tener claros sus sentimientos, planeaba vengarse y matar a Sebastián.

Pero al darse cuenta de que le gustaba Sabrina, simplemente empezó a ignorar a Sebastián por completo, sin siquiera intentar meter cizaña entre ellos.

Resultaba que, para él, su amor siempre fue un viaje de un solo pasajero.

Rocío no lograba entenderlo.

—Hermano, pero ¿qué ganas haciendo todo esto?

Entendía que envidiara cómo Sabrina trataba a Sebastián y que quisiera tener lo mismo. Pero ahora, sabiendo que Sabrina no le daría lo mismo que a él, ¿qué le veía?

Ulises se quedó mirando el carillón de viento hecho con conchas pulidas que tenía enfrente.

Era el regalo que Sabrina le había hecho con sus propias manos en la isla.

Su mirada se suavizó sin darse cuenta.

—Porque con solo verla, siento que sale el sol.

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