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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1984

Sabrina abrió los ojos de par en par, completamente en shock.

Creía haber sido lo bastante cruel y directa como para lastimarlo.

Jamás se imaginó que Sebastián, un hombre que siempre se había mostrado orgulloso, poderoso y por encima de todo, llegara a rogarle de una manera tan humillante.

Sintió un nudo en la garganta que le impidió articular una sola palabra más.

Al ver que ella se había detenido, él dio un paso con la intención de acercarse.

Sin embargo, eso hizo que Sabrina reaccionara de golpe.

Retrocedió de prisa para marcar su distancia y luego salió huyendo de ahí, viéndose bastante patética en su escape.

Sebastián se quedó de pie, observando su figura alejarse en silencio, sin hacer el menor intento de seguirla.

***

Pasó otra noche sin poder pegar el ojo.

Mientras se lavaba la cara a la mañana siguiente, Sabrina se miró en el espejo, perdida en sus pensamientos. Al parecer, hacer que Sebastián se rindiera con solo un par de frases duras iba a ser mucho más difícil de lo que pensaba.

No le quedaba tanto tiempo, no podía seguir retrasando las cosas.

Probablemente por llevar varias noches sin dormir bien, su rostro lucía demacrado.

La noche anterior, después de que ella se refugió en su cuarto, él no volvió a tocar la puerta, así que no sabía si se había marchado o no.

Tras arreglarse un poco, salió de su habitación.

Apenas bajó las escaleras, escuchó risas y voces alegres viniendo del comedor.

—¡No manches, señor Sebastián! ¿A poco también sabe cocinar? ¡Qué increíble! ¿Hay algo que usted no sepa hacer?

La voz clara y serena del hombre no tardó en responder.

—Si hay algo que se te antoje, Thiago, solo tienes que decírmelo. Estos días no tengo mucho trabajo, así que puedo quedarme aquí contigo y con tu mamá todos los días.

El niño soltó un grito de pura emoción:

—¡Qué buena onda! Al rato que vayamos al parque de diversiones, ¡le voy a ganar en todo!

Al entrar al comedor, Sabrina vio la figura alta y elegante de Sebastián acomodando los platos sobre la mesa.

Dio un vistazo a la comida servida y notó que casi todos los platillos eran los favoritos de ella y de Thiago.

Era evidente que él mismo se había encargado de cocinar todo.

Sabrina lo miró directamente y preguntó:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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