Ulises sabía de la relación entre ella y Marcelo, así que no se podía descartar que buscara perjudicar a Marcelo o que estuviera tramando algo por debajo del agua.
Sabrina sentía la necesidad de advertirle a Marcelo para que estuviera alerta con ese tipo.
Marcelo apretó los dientes, la rabia vibrando en su voz.
—Sabrina, te juro que voy a vengarte...
Antes de que pudiera terminar, Sabrina lo interrumpió sin dudarlo.
—No hace falta. —Ella lo miró directo a los ojos—. Yo voy a entrar al Grupo Ramos y a Ulises lo voy a enfrentar personalmente. Compañero, por ahora no estamos a su nivel, así que, por favor, no hagas nada impulsivo.
Marcelo asintió, tragándose su enojo.
—Entiendo, Sabrina. No te preocupes, sé perfectamente lo que tengo que hacer.
Ulises era el jefe de la familia Hoyos. Podía mover todos los recursos y la fuerza de la familia con solo chasquear los dedos, algo que Marcelo ni siquiera podía soñar. Aunque Marcelo llegara a ser el líder de la familia Blanco, no podría actuar con la misma libertad que Ulises, al menos no por ahora.
...
Antes de llegar al hospital, ambos habían pasado a ver a Daniela y André, además de saludar a Gabriel.
Ya en la habitación, Carolina echó un vistazo alrededor, como buscando algo.
—Sabrina, ¿y Hache? ¿No está aquí?
Pensó que Hache estaría acompañando a Sabrina en la habitación, pero no lo vio por ningún lado.
—Tenía unos asuntos que resolver, así que todavía no regresa... —alcanzó a responder Sabrina antes de que alguien tocara la puerta de la habitación.
Un instante después, una figura alta y de rasgos apuestos se asomó por la entrada: era Sebastián, a quien Carolina solía llamar Hache.
—¿Terminaste lo que tenías que hacer, Hache? —Sabrina lo saludó con una sonrisa débil, aunque ya conocía el nombre de Sebastián seguía llamándole por su apodo.
—Sí. —Sebastián tenía el cansancio dibujado en la cara, ojeras marcadas y los ojos apagados—. ¿Cómo te sientes ahora? ¿Vas mejorando?
Sabrina asintió y, al notar lo agotado que lucía Sebastián, le propuso:
—Hache, mejor vete a descansar un rato, hoy sí te ves muy cansado.
Con la voz un poco ronca, contestó:
—…No es nada.
Sabrina recordó lo que Daniela le había comentado y, dudando, decidió tantear el terreno:
—Hache, ahora que recuperaste la memoria… ¿ya sabes qué vas a hacer con tu vida?
Daniela le había sugerido que intentara convencer a Sebastián de quedarse. Si Sabrina volvía al Grupo Ramos, era probable que tuviera que enfrentarse a situaciones aún más peligrosas. Hache no solo era hábil, sino también valiente y muy perceptivo; gracias a él había salido ilesa en varias ocasiones. Lamentablemente, siempre que le había ocurrido alguna desgracia, Hache casualmente no estaba cerca.
Aun así, Sabrina no tenía la certeza de poder retenerlo a su lado.
Sebastián se quedó viéndola, pero en lugar de responder, devolvió la pregunta:
—¿Y tú? ¿Qué piensas hacer ahora?
Sabrina no ocultó nada.
—Cuando me recupere, voy a entrar a trabajar al Grupo Ramos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...