Ranleé Nolan y Yenón Nolan lloraban sin consuelo.
Ranleé Nolan, con lágrimas rodando por sus mejillas, suplicó con voz temblorosa:
—Pero tú y mamá han estado juntos tantos años… todo lo que han compartido.
—Aunque no seas nuestro verdadero padre, para nosotras siempre has sido esa figura, alguien a quien respetar y querer como si fueras nuestro papá.
—Si haces esto… lo que tienes con mamá se va a terminar del todo, ¿lo entiendes?
Una y otra vez, hablaba de sentimientos, como si fueran la última esperanza.
Ranleé solo quería que Patrick recapacitara, que diera marcha atrás.
Pero lo que ella no sabía era que, en ese momento, la palabra “sentimientos” resultaba la mayor de las ironías para Patrick.
Él soltó una risa cortante.
—Entre tu madre y yo ya no queda nada, ¿y todavía te atreves a venir a hablarme de sentimientos?
Cada palabra salía cargada de desprecio.
No quedaba rastro de ese cariño del pasado, solo quedaba una repulsión profunda.
Eso sentía él… asco.
Desde que descubrió que los hijos de Delphine no eran suyos, Patrick solo podía mirar esa relación con desdén.
Se había equivocado por completo.
En su momento, por Delphine, fue capaz de echar de su vida a todas las demás mujeres, sin titubear.
Incluso había querido borrar a Alicia Torres de su existencia.
Alicia…
La imagen de esa mujer que siempre lo esperaba en la ventana, sin importar la hora a la que llegara, le cruzó fugazmente la mente.
Pero al final, la dejó atrás por Delphine. Alicia, al principio, le rogaba entre lágrimas… y, sin entender cómo, un día simplemente se fue, sin mirar atrás.
Hasta le jugó una mala pasada al irse.
En ese entonces, Patrick se preguntaba si de verdad era tan entregada como decía o si solo era una máscara. Porque, al final, cuando se marchó, se llevó lo más valioso de Lago Negro con ella.
Aun así, recordando lo que Alicia hizo por él, reconocía que ella le había dado mucho más que Delphine en todos estos años.
Pensar en todo lo que recibió de Alicia le encendió el pecho, y esa culpa pronto se volvió furia.
Patrick soltó un grito desgarrador.
Ranleé Nolan se quedó muda.
Las lágrimas le corrían sin control.
Yenón Nolan nunca fue de quedarse callada ni mucho menos de dejarse. Por supuesto, no iba a dejar que le sacaran sangre sin pelearlo.
Pero, por más que forcejeó, al final no pudo evitarlo.
...
En Littassili, rara vez llueve.
Pero esa noche, el cielo se desató con rayos y truenos.
Toda la confianza que le había dado, todas las expectativas que, hasta ese día, todavía tenía, se desmoronaron.
Ni un solo hijo era suyo.
La mujer que mantuvo siempre bajo su protección lo había traicionado por completo.
Ranleé Nolan, entre sollozos, gritó:
—Papá, nos equivocamos. Ya no volveremos a pelear con Paulina, perdónanos… no nos hagas esto.
Todavía pensaba, ilusa, que todo era por la pelea con Paulina, que por eso Patrick las trataba así.
Y, si lo pensaba bien, todo se había desencadenado justo por ese conflicto.
—Papá…
—¡Llévenselas!— rugió Patrick.
Clément levantó la mano, y en un instante, varios guardias se acercaron para llevarse a Yenón y Ranleé Nolan.
Yenón no dijo ni una palabra más.
Ranleé, en cambio, seguía llorando con desesperación.
El sonido de sus sollozos se fue apagando poco a poco, hasta desaparecer por completo.
Patrick cerró los ojos con fuerza.
—Clément.

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