—¿Tú eres su asistente y aun así me ayudas de esta manera?
—Ya no lo soy. Renuncié ayer —soltó Skye, sin titubear.
Andrea se quedó sin palabras.
¡Con razón!
Ahora entendía por qué Skye no le había llamado en los últimos días.
Siempre que Fabio no podía manejarla, era Skye quien intervenía.
A pesar de que Skye nunca estuvo de acuerdo con Fabio por todo lo de Lavinia, siempre buscaba la forma de ayudarlo a reconciliarse con ella.
Pero esta vez…
—¿Ahora sí te le pusiste al tú por tú?
—¿Y cómo no? Por tu culpa y la de Lavinia me he tenido que aguantar muchas cosas con él. ¿No puedo ni desahogarme tantito cuando renuncio?
Andrea no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar la palabra “desahogarme”. Conocía bien las respuestas de Skye: cuando se ponía sarcástica, su lengua era más filosa que un cuchillo.
—Me preocupa que Fabio te bloquee en Puerto San Rafael —comentó Andrea, ya más seria.
Fabio en Puerto San Rafael no era como Sebastián; él sí sabía ser peligroso y nadie quería meterse con él.
Si Skye renunciaba y encima se peleaba con él, conociendo a Fabio, seguro correría la voz para que nadie la contratara. Nadie se atrevería a darle trabajo.
Pero Skye no se preocupaba por eso. Miró a Andrea con una sonrisa confiada.
—¿Ya se te olvidó?
—¿Olvidar qué?
—Que yo nací sin nada, amiga. No tengo nada que perder.
—¿¿¿Eh???
—Mi hermana y yo crecimos en un orfanato. Sin padres, sin familia. Ella está junto a Ander, y él no se deja intimidar por nadie.
Ander tenía sus cosas malas, pero si algo se le reconocía era que siempre protegía a los suyos.
Aunque Susana solo fuera su asistente, después de tantos años a su lado y con ese carácter tan rebelde, si Fabio le dijera que no podía tener a Susana en su equipo, seguro Ander lo mandaría lejos. Y si se enojaba, hasta podía ponerle algunas trabas a Fabio solo por fastidiarlo.
En palabras simples: Ander ni se iba a molestar en responderle, y si lo hacía, sería para complicarle la vida a Fabio.
Andrea sintió una punzada de empatía al escuchar que Skye creció en un orfanato. Aunque ella no había pasado su infancia ahí, la familia Espinosa era tan indiferente con ella que a veces habría preferido haber crecido entre extraños.
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