Skye estaba como fuera de sí, desesperada por volar de regreso a Puerto San Rafael, pero las pantallas del aeropuerto solo mostraban retrasos y más retrasos.
Esa espera interminable le carcomía los nervios. La ansiedad la devoraba por dentro, hasta que el cuerpo decidió rendirse y la enfermedad se le coló por cada poro.
Al final, la ambulancia llegó y se la llevó directo al hospital.
Ya ahí, le pusieron suero, le dieron medicamentos, y todo lo que pudieron encontrar para bajarle la fiebre; su cabeza le daba vueltas, como si el mundo estuviera en cámara lenta.
...
Al mediodía, Andrea terminó su turno y se dirigía al comedor cuando, al doblar por el pasillo, se topó con Skye.
—¿Skye?
Skye se quedó en silencio.
Al escuchar la voz de Andrea, levantó la mirada. En cuanto la reconoció, los ojos se le llenaron de lágrimas.
Andrea dio un paso hacia ella.
—¿Qué haces aquí? Cuando salí de Puerto San Rafael, me enteré de tu boda.
Andrea sentía aprecio por Skye, a pesar de que era la asistente de Fabio. Siempre que había un problema entre ella y Lavinia, Skye, sin pensarlo mucho, se inclinaba por apoyarla.
Más de una vez, cuando Fabio se iba con Lavinia, Skye se quedaba a su lado. En esos momentos de soledad que le dejaba Fabio, Skye era su único respaldo.
Skye se sonó la nariz.
—Mi boda… ya no hay boda —balbuceó, la voz temblorosa.
Andrea se quedó pasmada.
—¿Cómo?
—En este momento, lo único que quiero es darle en la torre a ese cabrón de Fabio.
Las lágrimas de Skye caían sin freno. Aunque el que había sido infiel era Ángel, la situación era tan absurda que ni ella lo podía creer.
Como le había dicho Susana por teléfono, su matrimonio terminó siendo la burla: uno se fue al extranjero detrás de la esposa, y el otro… encontró consuelo en otra cama.
Quién en el mundo podría tener una vida laboral tan caótica como la suya. Solo ella, Skye.
Andrea escuchó a Skye soltarle ese adjetivo a Fabio y se quedó helada.
Aunque, en el fondo, no podía más que estar de acuerdo con ella.
Solo que…
—Pero… él es tu jefe.
¿De verdad era buena idea insultarlo así? Nunca había visto a una asistente tan desinhibida.

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