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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1321

Paulina no tuvo de otra. Solo pudo hacer caso a lo que Andrea le dijo y tomó un poco del medicamento que Andrea le había recetado a Carlos.

Justo en ese momento, Carlos salió de la habitación y vio a Paulina sacando pastillas del frasco.

De inmediato le sujetó la muñeca.

—¿Qué estás haciendo?

—Voy a tomar la medicina. Andrea me dijo que tal vez nuestros cuerpos andan conectados, que si tomo un poco del remedio que te dio, a lo mejor mis síntomas se alivian un poco.

La verdad, los malestares del embarazo sí que son un tormento solo de verlos.

Quizá él no lo había vivido en carne propia, pero recordaba cuando Isa lo pasó mal. Isa decía que era horrible.

Carlos la miró con seriedad.

—No la tomes.

Sin más, tomó el frasco de la mano de Paulina y tiró las pastillas al bote de basura.

Paulina se le quedó viendo, sorprendida.

—¿Y eso por qué? Déjame probar, igual y sí me ayuda, ¿qué tal que sí sirve?

Paulina intentó volver a sacar pastillas, pero Carlos ya había tirado todo a la basura.

—¡¿Qué te pasa?!

De verdad, este tipo...

Carlos habló con ese tono seco que usaba cuando no quería ceder.

—No es bueno ni para ti ni para el bebé.

Aunque no fuera doctor, al menos sabía que cualquier medicamento podía traer consecuencias.

Paulina lo miró unos segundos, y la voz se le quebró. De repente, sintió un nudo en la garganta y los ojos se le humedecieron.

—¿Y entonces tú aguantas? ¿No te duele?

—Solo es vomitar un poco, no es para tanto.

Sí, era bastante incómodo, pero no era algo que no pudiera soportar. Solo había que aguantarse.

Pero Carlos la veía con otros ojos.

Paulina, que antes era pura energía, ahora por el embarazo se movía más despacio, como si el cuerpo le pesara. Eso sí le hacía sentir culpable.

Las chicas, pensó Carlos, deberían tener una vida sencilla, sin tantas preocupaciones. Su mundo era inocente, sin complicaciones. Pero después de casarse, de embarazarse, la vida les daba un giro tremendo, y a veces ni siquiera estaban preparadas para ese cambio.

Paulina aspiró fuerte, queriendo contener las lágrimas.

—Andrea me dijo que sí podía tomar la medicina. No me estoy tomando cualquier cosa.

Si Andrea había dicho que no pasaba nada con el bebé, ¿por qué no confiar?

De todas formas, solo era un poco, ¿por qué habría de hacerle daño al bebé?

Carlos la vio con los ojos llenos de ternura y la atrajo hacia él para sentarla en sus piernas. Le acarició la quijada con cariño.

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